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LA HISTORIA DE LA COCA
Por Baldomero Cáceres Santa María
Abril de 2019
(prólogo a la reedición en castellano de la obra de William Golden Mortimer)

En 1977, siendo profesor de psicología en la Universidad Nacional Agraria de La Molina, fui sorprendido por la pregunta que la entonces primera Dama de los Estados Unidos, la señora Joselyn Carter, hiciera a los profesores que la acompañaron a visitar el campus. Esta tenía como cuestión el costo que tendría reemplazar los cultivos de coca en el Perú. Dos años antes, cuando estaba a cargo del Vice Rectorado Académico de la Universidad San Antonio de Abad de Cuzco, había comprobado los maravillosos efectos del coqueo andino, cuando en Sacsayhuaman, las hojas me fueron ofrecidas por el profesor polaco Jan Szeminski, estudioso entonces del levantamiento de Túpac Amaru II. El profesor peruanista, ahora jubilado de la Universidad Hebrea de Jerusalén, había llegado de Varsovia hablando quechua. Quedó sorprendido por mi ignorancia del coqueo andino. Cuarenta años después, él y yo seguimos con hojas de coca en la boca.

Al confrontar mi experiencia con la oficial condena existente en torno al hábito milenario, me percaté de la existencia de un arraigado prejuicio sobre el coqueo (acullico, pijchado, chacchado), de raíz colonial, que lo marginaba de la conciencia nacional por ser “cosa de indios”. El prejuicio había sido legitimado desde inicios del siglo XX por la psiquiatría, a partir de los textos fundacionales de Emil Kraepelin (1856-1926), quien, sin apoyo experimental ni observación directa alguna, categorizó el coqueo dentro de sus “Toxicomanías”, como “intoxicación crónica”. Tal fue el punto de partida de la continua prédica de la escuela psiquiátrica peruana, comenzando con Hermilio Valdizán (1885-1929), creador de la cátedra correspondiente en la Facultad de Medicina de la Universidad Mayor de San Marcos. Fue él quien, desde Roma, donde hizo sus estudios en la nueva profesión, se apresuró en alertar acerca de la “descubierta enfermedad mental”, publicando sus “apuntes preliminares” en El Cocainismo y la Raza Indígena (La Crónica Médica, Lima, 1913). Al mantener la cátedra durante una década, Valdizán logró extender su doctrina, lo que llevó a que apareciera el libro La Coca, la gran toxicomanía peruana (1934), de otro prominente médico de Lima, Luis N. Sáenz. Esta versión siguió repitiéndose hasta las estadísticas de salud de la década de los años 70, donde figura como “la toxicomanía más extendida en el Perú” (Caravedo y Almeyda, Alcoholismo y toxicomanías, Ministerio de Salud, Lima, 1972).

Como resultado de la estigmatización, el prejuicio en los países andinos también fue evidente, en el descuido de los historiadores y arqueólogos al no registrar a la hoja de coca en los inventarios de plantas andinas. La “amnesia cultural” (Albert Memmi, Portrait du colonisé, 1957), en este aspecto, estaba instalada.

Para salir de mi ignorancia al respecto, recurrí a la consulta de la indispensable obra del historiador Raúl Porras Barrenechea, Fuentes históricas peruanas, quien sí consignaba, como referencia, “un grueso repertorio”, según sus palabras, constituido por Perú: History of Coca. The Divine Plant of the Incas… (Nueva York, 1901) del médico e historiador W. Golden Mortimer (1854-1933). Seguidamente, busqué en la Biblioteca Agrícola Nacional, hasta encontrar un empolvado volumen del libro citado, adquirido en 1904 por la misión belga creadora y fundadora de la Escuela de Agricultura. La ficha de registro de lectura del libro consignaba apenas algunas entradas.

La rápida revisión de su contenido me deslumbró, en especial su rica bibliografía, en la cual me apoyaría posteriormente1. Pero mi interés inicial era revisar las bases del mal nombre y de la condena psiquiátrica de la coca. En mi primera aproximación al tema, basada en la revisión documental de los trabajos psiquiátricos peruanos, denuncié el infundio de su descalificación “por los extirpadores de idolatrías del siglo XX”, en un artículo que apareció en el diario limeño La Prensa, en 1977, y posteriormente en la revista América Indígena2. Este artículo, que reivindicaba a la planta andina, sirvió de fundamento a la protesta antropológica iniciada en dicho número -editado por el antropólogo peruano Enrique Mayer, Jefe de Investigaciones Antropológicas-, y fue luego incluido en una publicación de 19863 por gestión de quien fuera su compilador, el también antropólogo peruano Alejandro Camino D.C.

Poco después, un cercano amigo me trajo la primera reedición facsimilar del libro de Mortimer, aparecida en San Francisco en 1974. Si bien en 1970 Richard Martin, a partir de la edición original, destacó su actualidad en su artículo revisionista sobre la coca andina4, fue esta reedición la que lo convirtió en consulta obligada para la reconsideración del recurso andino, encabezada por Andrew Weil, el famoso autor de The Natural Mind (1972), quién desde 1977 propone la reintroducción de la coca en la medicina contemporánea5, dejando de lado el infundado cargo psiquiátrico que sobrellevaba. Cabe agregar que en 1995, Weil presentó la causa de la hoja de coca andina en The New Yorker, anunciándola como la nueva política de la coca.6 En los movimientos de campesinos cocaleros, tanto en Bolivia como en el Perú, legitimados por la renovada imagen que se difundió de la planta en los años 90, participó también el profesor Weil en eventos de las organizaciones cocaleras, el último de los cuales se dio en La Paz, Bolivia, en el 2013, por invitación del presidente Evo Morales.

Desde el inicio de mi interés por el tema andino, eché de menos una traducción de History of Coca al español, más aún por la trascendencia histórica de su contenido, que deja fehaciente prueba de la acogida y el aprovechamiento por la medicina experimental del Siglo XIX de nuestra planta tradicional. La relevancia de la obra de Mortimer es tal, que en la Bibliografía anotada que manejó en 1950, la Comisión de Estudio de la Hoja de Coca, nombrada por el Consejo Social y Económico de las Naciones Unidas a solicitud de nuestro propio país, se consignaba su referencia, pero con una malintencionada nota del autor responsable, doctor Oswaldo Wolff, para quien “en conjunto, no es un libro digno de confianza, y por lo tanto puede sencillamente pasarse por alto” (sic).

Sucesivas reediciones en inglés prestan apoyo a su actualidad. No existe mejor información acumulada sobre la coca y sus beneficios en el siglo XIX. Mortimer registra la promoción de sus virtudes desde la obra de Hipólito Unanue (1755-1833), pasando por Paolo Mantegazza, en Su le virtú igiénico e medicinale de la coca e altri alimenti nerviosi (Milán, 1859) y por nuestro compatriota Tomás Moreno y Maiz, quien en 1868 publicara en París sus Recherches chimiques et physiologiques sur Erythroxylum coca du Pérou et la cocaine, confirmando experimentalmente sus efectos, hasta su popularización en Europa por Angelo Mariani, farmacéutico de Córcega, quien elabora en París su Vin Mariani a la coca du Pérou, elogiado por grandes personalidades de fines del siglo XIX7. A él también se deben, y el mismo Mortimer lo reconoce, las recomendaciones para su uso terapéutico en diferentes males. History of Coca vino a resumir y cerrar el ciclo del reconocimiento mundial de nuestra legendaria planta.

En 1952, el Comité de Expertos en Drogas Susceptibles de Engendrar Toxicomanías -hoy Comité de Expertos en Farmacodependencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS)- desconoció todos los antecedentes médicos sobre la coca, desde la famosa Disertación Sobre el Aspecto, Cultivo, Comercio y Virtudes de la Famosa Planta del Perú Nombrada Coca, publicada en el Mercurio Peruano en 1794 por el padre fundador de la medicina peruana Hipólito Unanue, hasta el propio libro de Mortimer (quien, por supuesto, destaca la obra de Unanue8), atendiendo a la nota crítica, arriba mencionada, de la Bibliografía adjunta al Informe de la Comisión de Naciones Unidas de 1950.

Asumida la estigmatización psiquiátrica por las convenciones internacionales suscritas sobre “drogas”, se incluyó a la hoja de coca en la Lista I de substancias fiscalizadas (Convención única, 1962), bloqueando su comercio internacional y su válida industrialización. La prohibición, bien se reconoce, ha dado y mantiene como consecuencia la producción y el aprovechamiento ilegal de la hoja andina en manos del llamado “narcotráfico”, con su permanente poder corruptor, cuya existencia está condicionada por el mantenimiento de la infundada prohibición.

Confiamos en que este libro será punto de apoyo en toda investigación sobre nuestro gran recurso andino y abrirá la perspectiva de un futuro industrial en gran escala, que se insinúa ya en pequeñas empresas que ofrecen diversos productos elaborados, tanto en Bolivia y Colombia como en el Perú.

La traducción, después de más de un siglo, de esta monumental obra al español, debida a Jan Ygberg y Fernando Rozas, auspiciada por Alberto Benavides Ganoza, promotor y director de la Biblioteca Abraham Valdelomar, a quien agradezco el honor de prologar esta edición, ha de ser decisiva en la toma de conciencia, en el mundo hispanohablante, del desordenamiento mundial provocado por el oscurantismo psiquiátrico y su prédica. Particularmente, los países productores andinos tendrán con este libro el testimonio histórico del reconocimiento médico de la coca como planta medicinal y la base necesaria para denunciar ante las Naciones Unidas la indebida condena a nuestra venerada planta.

BALDOMERO CÁCERES SANTA MARÍA
Lic. Psicología, Universidad Nacional Mayor
de San Marcos
M.A. School of Education, Stanford University

Referencias
1 Historia, Prejuicios y Versión Psiquiátrica del Coqueo Andino, Perú Indígena 28, Instituto Indigenista Peruano, Lima, 1990
2 La Coca, el Mundo Andino y los extirpadores de idolatrías del siglo XX. América Indígena 4, vol XXXVIII, Instituto Indigenista Interamericano, México 1978. Ese mismo año aparecía en Londres, bajo el pseudónimo Antonil, el libro Mama Coca, de Anthony Henman, varias veces editado en español en el área andina.
3 La coca andina, Visión indígena de una planta satanizada, Joan Boldó y Climent, Eds., Instituto Indigenista Interamericano, México, 1986.
4 The Role of Coca in the History, Religion, and Medicine of South American Indians, Economic Botany, 24 (4), 422-43.
5 Observations on Consciousness Alteration, Why Coca Leaf Should be Available as a Recreational Drug, Journal of Psychedelic Drugs 9 (1), Jan-Mar 1977 / The Therapeutic Value of Coca, in Contemporary Medicine Journal of Ethnopharmacology Volume 3, Issues 2-3, March-May 1981.
6 Letter from the Andes, The New Politics of Coca, The New Yorker, 15 de mayo de 1995.
7 La obra de Mariani ha merecido debido recuerdo en el reciente Le vin de coca et la naissance de la publicité moderne, Aymon de Lesttrange, Paris, 2016.
8 Unanue informó a la comunidad académica norteamericana sobre la preciada hoja de coca, en su Communication to Mr. Mitchil, American Journal of Science and Arts III, New Haven, 1821