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Alaska y Viaje al País de los Tlingit (II): Las Profecías del Abya Yala
Texto por Carlo Brescia
Agosto 2018

Águilas de cabeza blanca cerca de Juneau, Alaska. Foto: CB.

[ Post previo: Alaska y Viaje al País de los Tlingit (I) ]

Exactamente un mes antes de estar en Alaska, estuve en Colombia. Viajé con mis compañerxs tejedorxs Coral Herencia y Fernando Carranza para participar allá en el Festival de Arte Visionario Urbano Ancestral, Diversidad y Sustentabilidad en Manizales, del 19 al 22 de mayo de 2016. Durante ese evento, el día de la inauguración, escuché a alguien decir que un grupo de personas estaban saliendo de Alaska hacia el sur.

En ese momento, al escuchar eso y sabiendo que viajaba el siguiente mes para allá (incluso ya tenía el pasaje comprado con las fechas), paré la oreja:  ‘jornadas por la paz y dignidad’,encuentro del águila y del cóndor’… Intuí que algo sincrónico se estaba manifestando y que debía prestar atención.

¿Qué era eso del encuentro del águila y el cóndor? ¿Cuál águila? ¿Cuál cóndor? Ya lo había escuchado obviamente. Tito La Rosa tenía un disco del 2001 titulado con el nombre La Profecía del Águila y el Cóndor, en donde combina sus instrumentos andinos con los de la flauta Cherokee norteamericana de Mary Youngblood .

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> Carátula del disco La Profecía del Águila y del Cóndor de Tito La Rosa (2001).

La Profecía del Águila y el Cóndor

Esta profecía andina da cuenta sobre el momento en el cual simbólicamente el Gran Águila del Norte volará junto al Gran Cóndor del Sur, es decir, el Abya Yala (término del pueblo Kuna de Panamá y Colombia para denominar al continente americano) se unirá nuevamente.

Estuve tratando de encontrar el origen y encontré varias versiones: que tiene origen amazónico, también maya e incluso que la dijo el Inca Wayna Qhapaq. No me queda claro ni dónde ni cuándo apareció. No creo que sea tan antigua. Desde un punto de vista mágico, las profecías de este calibre se aparecen en las visiones o en los sueños no solamente de una persona sino de un grupo de personas en distintos lugares y momentos, incluso tal vez estas personas ni se conozcan. La manera de verificar si son realmente profecías es si esas visiones y sueños coinciden.

Ahora, descifrando la simbología en ese encuentro resulta obvio que esta va más allá del establecimiento de vínculos y redes entre los pueblos originarios del Norte, del Centro y del Sur, y sus descendientes y aliados de las Américas. El Águila del Norte simboliza una forma de pensar mentalista, individualista, masculina y lineal. El Cóndor del Sur simboliza una forma de pensar intuitiva, comunitaria, femenina y espiralada (y si, tenemos cóndores en el norte y águilas en sur). En esencia, la profecía se enmarca entonces dentro de las profecías apocalípticas; apocalíptico en su sentido bíblico: como gran revelación de la integración futura del cielo y la tierra.

Esta profecía se manifiesta de muchas maneras y dentro de estas tenemos a los Encuentros del Águila y el Cóndor mencionados que se iniciaron en 1992, por el quinto centenario del encuentro de nuestros pueblos ancestrales con los europeos en 1492, momento histórico que arrebató de manera violenta innumerables vidas, memorias y mundos de las Américas.

> Águila de cabeza blanca (Haliaeetus leucocephalus) en Alaska.

Cada cuatro años se realizan las Jornadas por la Paz y Dignidad, que son rezos en forma de carrera en donde se tejen los pueblos. En 1992 se formaron dos columnas, una desde Anchorage en Alaska y otra desde Temuco en Chile uniéndose en Teotihuacán, México.

> Afiche del encuentro en Panamá, noviembre 2016.

Ese año que estuve en Alaska, el 2016, las columnas (o flechas) salieron en mayo desde Ushuaia en Argentina y desde Chickaloon en Alaska para encontrarse en noviembre en el istmo de Panamá. En ese encuentro, la séptima carrera, se levantó un fuego sagrado para conectar energéticamente de nuevo el norte con el sur, división creada finalmente en 1914 cuando se inauguró el Canal de Panamá.

Y justamente ese encuentro en Panamá era el que había escuchado en Colombia, un mes antes de estar en Alaska. Dos días después de haber escuchado sobre el encuentro de las energías del norte y del sur en el centro de las Américas, me encontré facilitando un Círculo Mixto con Coral titulado: “Integrando las Energías Duales a partir de la Cosmovisión Andina”.

Y luego escuché otra profecía.

> Círculo de Mujeres y Hombres en Manizales. Fuente: Prodiversitas Colombia.

La Profecía Mhuysqa

Y la escuché ese mayo en Manizales. Y la volví a escuchar en octubre del 2016, cuando me la contó Karo Colibrí de Guatavita durante el Festival de Cultura, Consciencia y Sustentabilidad, del 13 al 16 de octubre  en Huaraz. Y la última vez que me la contó alguien fue Claude Guislain en mayo del 2017 cuando nos encontramos en Lima. Muchas gracias a ambos por eso.

Para contar esta profecía, hay que retroceder unos quinientos años hacia antes del momento cuando llegaron los conquistadores a las Américas. En ese entonces, de acuerdo a la historiografía hegemónica existían tres centros culturales importantes. Desde una perspectiva europea, los más interesantes eran Tenochtitlán de la cultura Mexika en Norte América y Cusco de la cultura Inka en Sudamérica. ¿Por que más interesantes para los conquistadores? Porque poseían características que les eran conocidas: sistema patriarcal, hegemonía militar, sistema de tributos, formación de alianzas, ciudades, vías de comunicación, etc. Características que de alguna forma se parecía a lo que los europeos conocían.

El tercer centro cultural importante era el de los Mhuysqas, en el altiplano cundiboyacense. A diferencia de los Mexikas e Inkas, los Mhuysqas eran una conferedación de cacicazgos autónomos. Su cosmovisión es muy interesante: por ejemplo, el creador es Tchiminigagua, quién era honrado a través de Zuhe (el Sol) y Chía (la Luna). También tenían tabletas de inhalación de Anadenanthera peregrina (Burger 2011; Torres y Repke 2006), poporos y representaciones de transformación chamánica con murciélagos, todo en oro. Aparte del uso del yopo y las hojas de coca, también utilizaban al Yas (Brugmansia vulcanicola) (Schultes 1977): las abuelas dicen que esta planta era clave para la apertura y memoria del corazón. Como parte de su geografía sagrada, tenían montañas y lagunas: una de las más sagradas era la de Guatavita.

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> La “gran” pequeña laguna de Guatavita al atardecer en un día soleado cualquiera. Fuente: Wikimedia Commons.

Pues las características descritas en el párrafo anterior, más otras, ya delatan para el tercer ojo las señas inequívocas de una cultura enteogénica de enciclopedia. Y como buena cultura mística, antes de que llegaran los conquistadores europeos, los Mhuysqas estaban más enterados de su llegada que los mismos conquistadores.

Y cómo sabían que pronto se iniciaría el gran desbarajuste, dado el arribo de esos hombres sedientos de oro, poder, gloria y otras sandeces de baja vibración, plantearon cuatro estrategias de supervivencia:

  • la primera, enviar a sus mayores a las malokas espirituales ubicadas en las lagunas y montañas, para proteger la sabiduría;
  • la segunda, cuidar los nombres de sus montañas y lagunas sagradas, para poder convocarlas cuando llegue el momento;
  • la tercera, enviar los canastos del conocimiento en sus hombres y mujeres jovenes hacia los pueblos con los que intercambiaban sus saberes y haceres: Kogi, Uitoto, Arhuaco y U’wa;
  • y la cuarta, que una parte de las mujeres mhuysqas cogieran la semilla del invasor europeo.

De modo que en 500 años, renacerían los Mhuysqas, “en la totuma [=cuenco, vientre] del territorio, en la totuma de nuestras mujeres, y en 500 años renaceremos en el rostro de nuestros enemigos, renaceremos como mata de tabaco en medio del cemento, como matas de maíz en ojos de tierra de la ciudad, después de 500 años” (Perea Jiménez 2014).

Y realmente están de vuelta si vemos las dinámicas de identidad en el altiplano de Cundinamarca y Boyacá de las últimas décadas. O, mejor dicho, no solo los Mhuysqas están de vuelta sino que todos estamos de vuelta: la nueva nación que al mismo tiempo es la antigua y la de siempre. Solo hay que darse cuenta. Como dice el letrero: algunos ya murieron, otros todavía vivimos, pero la mayoría aún no han nacido.

Hay más profecías del Abya Yala, como la de los Hopi, la del Quinto Sol Azteca y la Otomí de los 8000 tambores. Invito a los interesados a explorarlas.

Una última que quiero mencionar, brevemente antes de continuar al viaje alaskeño, es una muy pertinente a mi interés en la danza, el chamanismo y la cosmovisión andina.

Los Profetas del Taki Onqoy y el Nuevo Pachakuti

Luego de la Conquista, mientras los descendientes de las panakas reales de los Inkas en Cusco reclamaban sus derechos siguiendo las reglas coloniales, y Manko Inka y sus descendientes lideraban la resistencia incaica, un poco más al norte en Apurímac (Apu Rimaq, ‘la montaña sagrada que habla‘), Ayacucho (Aya K’uchu, ‘rincón de las almas‘) y Huancavelica (Wanka Willka, ‘huanca sagrada o de los abuelos‘) surgieron promesas de cambio si se cumplían los ritos ancestrales (Millones 2007).

El Taki Onqoy no fue ni un movimiento político, ni militar, ni social, tampoco una enfermedad. A partir de un ritual colectivo chamánico de purificación, ofrenda y plegaria a través de la danza se solicitaba a las huacas …

… [ya] que habían resucitado, y de ellas se habían hecho dos partes: las unas se habían juntado con la huaca de Pachacamac, y las otras con la huaca de Titicaca; que todas andaban por el aire, ordenando el dar batalla a Dios, y vencerle; y que ya le traían de vencida; y que cuando el marqués [Francisco Pizarro] entró en esta tierra, había Dios vencido a las huacas, y los españoles a los indios; empero que, ahora daba la vuelta el mundo (Molina 1943: 79-80).

Como explica Millones, la expresión “daba la vuelta al mundo” puede ser la traducción aproximada de Pachakuti. ¿Y de qué manera se buscaba darle la vuelta al mundo? Ofrendar, volver a los rituales ancestrales, buscar el favor de las deidades del mundo andino: entregando la danza, la música y el canto a los centros sagrados en montañas, cuevas, lagunas y templos del territorio para fortalecerlos, activarlos, despertarlos.

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> Pachakuti o Darle la Vuelta al Mundo. “América invertida”, dibujo de Joaquín Torres García, 1943.

Los danzantes del Taki Onqoy buscaban —luego de un ayuno ritual de varios días sin sal, sin ají, sin maíz de colores y sin relaciones sexuales— incorporar a las sesenta o setenta huacas que volaban como águilas y halcones molestas porque sus hijas e hijos ya no les hacían caso. Algunas citas de Cristobal de Molina de esa época:

[Las huacas] no se metían ya en las piedras, ni en las nubes, ni en las fuentes para hablar, si no que se incorporaban ya en los indios, y los hacían ya hablar (Molina 1943: 80).

[Los] taqui ongos […] pedían en los pueblos, si había alguna de las huacas quemadas, y como trajese algún pedazo de piedra de ellos, se cubrían la cabeza delante del pueblo con una manta y encima de la piedra derramaban chicha, y la fregaban con harina de maíz blanco; y luego daban voces, invocando la huaca, y luego se levantaban, con la piedra, y decían al pueblo: Veis aquí vuestro amparo, y veis al que os hizo, y da salud, hijos y chacra, ponedle en su lugar, en donde estuvo en tiempo del Inca (Molina 1943: 81)

 

> Una instalación artística sobre el Tarantismo que filmé. El tarantismo era considerada una enfermedad y su terapia era la danza. ¿Alguien se anima a realizar un video danza con las indicaciones coreográficas mencionadas en las citas?

La danza y el canto son técnicas chamánicas: una forma de entrar en trance y entablar relaciones con los mundos sutiles. Algunas citas de Bartolomé Álvarez cuenta en 1586:

Es la fiesta que, juntos dellos la cantidad quese conciertan —y a veces uno o dos solos que quieren hacer la cerimonia—, comienzan a cantar un cantar que no es palabras, ni razones ni sentencias ni cosa que se pueda a entender que dicen algo. Sólo suena “u, u, u, u”: es menester oírlo y verlo para entenderlo, que es tal que no se puede escribir. Y con este canto muy alto están de pie, dando de pie y mano, alzando un pie y abajando otro, y asimismo [=lo mismo] haciendo con las manos, los puños cerrados, meneando la cabeza de un lado a otro y a otro, de suerte que con todo el cuerpo trabajan. Y paran [=permanecen] en este canto tres o cuatro días con sus noches, y más: lo que las fuerzas les duran, que no cesan si no es que les venga necesidad de hacer cámara [=defecar] o de orinar; que a esto salen, y luego vuelven a la tahona del demonio (Vilcapoma 2008: 262).

Esta descripción de la danza se asemeja a las de los Danzaq, danzantes andinos de las zonas justamente de Apurímac, Ayacucho y Huancavelica, que tienen que compactarse con una deidad en su ritual de iniciación. En Huaraz, los danzantes que llamamos Shaqshas, tienen que danzar siete años seguidos en honor al Señor de La Soledad o de Pumakayan (la principal huaca de la provincia).

Algunos de los danzanes del Taki Onqoy morían:

No comen casi nada o nada; lo mas es coca, que en la boca tienen de ordinario para este ejercicio. Beben todas las veces que quieren, sin gana o con ella: lo cual es causa de que con el mucho beber y aquel ordinario trabajar con todo el cuerpo, y aquel devanear con la cabeza, a que caigan en aquel suelo entre los otros […] Si muere luego, juntan un poco de oro y plata, y plumas y coca y chaquiras —de las que traen las mujeres por gargantillas, que llaman mollo y capa— y se lo ponen allí junto. Si muere, le entierran con su ofrenda; y si escapa con vida, hacen una ventanilla [=hornacina] en la pared de la casa: y allí esconden aquel sacrificio, metido en una vasija tapándolo con un adobe o piedra y barro, de suerte que no parece estar allí cosa alguna (Vilcapoma 2008: 262).

La mención y función de las hornacinas en la cita anterior seguro será interesante para quienes conocen las galerías del Templo Nuevo en Chavín de Huántar.

Los profetas del Taki Onqoy, entonces, predicaban el retorno a lo ancestral, a las prácticas de ofrendas a través de la danza, el canto, la música y más, para volver a entablar una relación con las montañas, el viento, la tierra, las lagunas y las piedras. Se ofrendaban también metales como el oro y la chicha, chicha, plumas y coca, entre otras cosas. Y todo eso que se ofrendaba, era lo que en realidad se había recibido ya que la música, el canto, la danza y todo lo demás no se origina en lo humano. La ofrenda solo es un acto ritual para agradecer esa abundancia, devolverla y así mantener el equilibrio. Y se buscaba la conexión directa con el espíritu de la montaña incorporándolo. El retorno de lo sagrado, en su manifestación andina.

Si bien el movimiento del Taki Onqoy ocurrió en el siglo XVI, la profecía aún persiste y sus seguidores crecen día a día en busca de ese salto de consciencia en donde ‘el mundo se dará vuelta’ y el ser humano ya no se creerá dueño del planeta y se dará cuenta de que realmente no es dueño de nada y está solo aquí para cuidar las semillas de la vida. Como escribió el artista y fotógrafo José Carlos Orrillo el año pasado:

Pues así como los seguidores del movimiento del siglo XVI eran poseídos por las huacas y se veían obligados a danzar y convulsionar, hoy, quienes encarnan el Taki Onkoy dedican sus vidas a defender y propagar el mensaje y la sabiduría de las huacas: son los espíritus guardianes de la cultura andina. Son los arqueólogos, antropólogos, cineastas, pintores, músicos, danzaqs, maestros curanderos, maestros de escuela, profesores universitarios, campesinos y poetas, jóvenes, mujeres y niños, tejedores y tejedoras, ceramistas, escultores, creadores en fin, que encarnar en sí mismos el despertar de la cultura andina, su conocimiento y espiritualidad, sus valores y sabiduría, ancestral y universal a la vez.

Tenemos que empezar a conocer y respetar nuestros antiguos templos, nuestros espacios sagrados, volver a acercarnos a ellos con aprecio sincero, con genuino interés. Si consideramos que el concepto de “huaca” expresa la esencia de lo sagrado en el mundo andino, realizar el Taki Onkoy significa dedicar nuestra vida al Despertar de las Huacas. De la activación de su energía dependerá la activación real de nuestro territorio; esto implica recuperar nuestro equilibrio interior, la curación de nuestras heridas como sociedad, esta sociedad quebrada desde la conquista.

El anhelo por el Taki Onkoy que subyace en el fondo de nuestra cultura obedece a la necesidad histórica de recuperar nuestra raíz espiritual más profunda: el substrato de conocimiento que nos vincula con la Tierra y con los dioses de esta Tierra. Las huacas son las formas de lo divino más antiguas concebidas por el hombre andino y están esperando, dentro de nosotros mismos, el momento de su despertar.

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> Inauguración del Museo Nacional Chavín el 18 de Julio de 2008. En la foto, de izquierda a derecha: Wenceslao Rosario, Tito La Rosa, Humberto León Huarac y Sergio Castillo. Foto: CB.

Viviendo las Profecías

Cinco meses después de estar en Colombia, cuatro meses después de estar en Alaska, en octubre del 2016, cuando me encontraba con Luiz Duva grabando música en Chavín para la película. Una noche soñé que habían cientos de cóndores volando sobre el templo y que muchos de ellos formaban una especie de canal aéreo que iba de sur a norte. ¿Al encuentro con el águila?

Lo ancestral tiene mucho de ritual. La ritualidad ha sido y sigue siendo relevante ya que a través de estas experiencias a todo nivel (cuerpo, mente, corazón, espíritu) se crea un espacio en donde es posible comunicar conceptos complejos, regenerar las relaciones con el mundo y trasladar cultura de generación en generación. Y es crucial para el mantenimiento de la armonía en la comunidad y con el universo: a través de la experiencia ritual se refuerza el sentimiento de colectividad, la pertenencia a una unidad mayor que la del individuo y de su comunidad, y se armonizan las relaciones con lo suprasensible.

El sentimiento de gran comunidad con todo lo que existe, la consciencia de ser parte de un todo más grande, es lo que nos hace darnos cuenta de lo importante del respeto, de la humildad, del servicio, de la gratitud, de la alegría y del equilibro. Somos una familia, somos una comunidad, somos los ancestros: somos el pasado, somos el presente y somos el futuro. Somos los que estábamos esperando, somos la profecía. Estamos de vuelta, y nuestras ofrendas también están de vuelta para la búsqueda del equilibrio.

Fin de la segunda parte. Si, nos fuimos un poco por las ramas pero esas ramas vi que tenían hartas flores, frutos y semillas.

[continuará]

Carlo Brescia
Agosto 2018

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> Vaso de Piedra con ofrendas hallado el 2001 en la plaza cuadrada del centro ceremonial de Chavín de Huántar. Ver post anterior al respecto.

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Alaska y Viaje al País de los Tlingit (I)
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REFERENCIAS

BURGER, Richard
2011. «What kind of Hallucinogenic snuff was used at Chavín de Huántar?» En: Ñawpa Pacha, Journal of Andean Archaeology, Vol. 31, Nr 2, pp. 123-140.

MILLONES, Luis
2007. «Mesianismo en America Hispana: El Taki Onqoy». En Memoria Americana 15, p 7-39.

Molina, Cristóbal de
1943 [1575]. «Fábulas y ritos de los Incas». En Las crónicas de los Molinas: 5-84. Colección “Los pequeños grandes libros de la historia americana”. Serie I, Tomo IV. Lima, Librería e imprenta Miranda.

PEREA JIMÉNEZ, Daniel Armando
2014. El uso de la pedagogía ancestral en el fortalecimiento de la identidad muisca en el territorio de Teusacá. Trabajo de Grado en Servicio Social Comunitario. Bogotá: Universidad Católica de Colombia.

SCHULTES, Richard Evans y Alec BRIGHT
1977. «A Native Drawing of an Hallucinogenic Plant from Colombia». En Botanical Museum Leaflets 25(6): l5l-59. Cambridge: Massachusetts, September 30.

TORRES, Constantino M. & REPKE, David B.
2006. Anadenanthera – Visionary Plant of Ancient South America. Nueva York: The Haworth Press.

VILCAPOMA, José Carlos
2008. La Danza a través del tiempo en el mundo y en los Andes. Lima: Asamblea Nacional de Rectores.

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