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ICHIK WAYWASH: El Presagio del Zorro, el Vuelo del Cóndor y los Amantes de la Naturaleza
Por Carlo Brescia
Junio 2018

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> Campamento en Laguna Jahuacocha. Fotografía: Rafo Roque, mayo 2018.

Existen tres cordilleras glaciares en Áncash: la Cordillera Blanca, la Cordillera Huallanca (o Chawpihanka) y la Cordillera Huayhuash. En la primera encontramos la montaña más grande de Perú: el Huascarán con 6,768 m s.n.m en su pico sur, y en la última encontramos la segunda montaña más grande: el Yerupajá con 6,634 m s.n.m. Hacia allá nos fuimos.

Fue una vuelta rápida de cuatro días, porque también en Huayhuash te puedes dar una vuelta más grande de 10 días a más. Ya sea en una gran expedición o solo con tu mochila. Es más seguro hoy, si bien los eventos del 2002 y del 2004 siguen en la memoria de los reciben a los visitantes. Las visitas a esta cordillera ya no son esporádicas: este destino se ha vuelto tan popular que en mayo de este año, según pudimos observar, cada día llegan al menos unas cuatro expediciones para empezar las caminatas. ¿Cómo será en julio?

Empezamos en Llámac y terminamos en Llámac. Miento. En realidad empezamos en Huaraz, un lunes: desde allí fuimos en carro hasta Chiquián (3,350 m s.n.m.), nos recibió cordialmente nuestra anfitriona Maria del Pilar Cárdenas Márquez —presidenta de la Asociación de Escritores y Poetas de Áncash (AEPA)— y antes de dormir nos tomamos una típica sopa Pari (similar a un papakashki más la fuerza de las hierbas, quesos y leche de los hirkakuna de la Cordillera Huayhuash).

Como decía, salimos de Huaraz, pero no todos, solo viaje con Geonela, una estupenda guía de caminata y cocinera. La otra mitad de la expedición salió de Lima: Rafo y Magnus. El año pasado, el 2017, hicimos dos caminatas juntos: Santa Cruz-Llanganuco y Olleros-Chavín. Tres años atrás, el 2015, recorrí por primera vez Olleros-Chavín e hice un post en este blog sobre esa caminata.

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> En la carpa cocina con Geo, escuchando huaynos ancashinos con arpa o violin. En el suelo, ocas y mashuas sancochadas como aperitivo. Foto: RR.

DÍA 1 : Llámac a Rondoy Vado

El martes en la mañana salimos en carro desde Chiquián hasta Llámac (3,300 m s.n.m), luego de desayunar y hacer las compras de último momento: queso, mantequilla, panes, paltas y limones. Ya de Huaraz traíamos huevos, mandarinas, un par de pollos, papa canchán, papa huayro, oca, mashua y más panes.

Luego de atravesar un bosque natural de gigantones, nos encontramos con nuestro arriero Yoni en el Centro Poblado de Llámac, el quinto miembro de la expedición. Dejamos las carpas, las mochilas, los alimentos, el balón de gas y la cocina con él y los burros, para luego salir caminando hasta el campamento en Rondoy Vado. Pudimos haber ido en carro hasta allá, pero decidimos ir a pie a modo de aclimatización.

Luego de atravesar Pocpa y Pallka, a lo largo de 14 kilómetros y 3 horas y media después, llegamos a nuestro primer campamento. Como suele suceder siempre: Yoni, los burros y el cargamento nos esperaban. Esa noche, ya no eramos cinco sino seis: se nos había unido un nuevo y peludo miembro de cuatro patas, rabo y rostro de “tengo-hambre-pero-mírame-cómo-sonrío-chévere-igual”.

Intentamos que no nos siga, pero fuimos tan tontos que las órdenes se las dimos en castellano y cuando nos dimos cuenta que era quechuahablante ya era muy tarde, muy lejos, muy oscuro y muy frío. Estas cosas nos pasan por distraídos. No prestar atención al momento presente. Algo muy frecuente que ocurra el primer día de caminata, cuando la mente y el cuerpo aún no están armonizados. El cuerpo necesita un poco de tiempo para reconectarse con esa sabiduría incorporada del caminar por horas. La mente también necesita de tiempo para desconectarse de las distracciones superfluas del cotidiano y conectarsecon el entorno inmediato: colores, superficies, plantas, piedras, vientos, sensaciones y tanto más. El arte de caminar está directamente relacionado con el arte de contemplar. Observar, escuchar, oler, probar y sentir.

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> Vista del atardecer en el campamento Jahuacocha. Foto: RR.

DÍA 2 : Rondoy Vado a Campamento Jahuacocha

Salimos del campamento a las 0800 hrs luego del desayuno. De Rondoy Vado a Rondoy Punta hicimos 5 kilómetros en 2 horas y pico. El picnic lo hicimos en Sambuya Punta a 4750 m s.n.m. Llegamos al campamento en la laguna Jahuacocha a eso de las 1300 hrs. Como suele suceder siempre (otra vez): Yoni, el campamento y los burros nos esperaban.

Llegamos al campamento con mucha basura que recogimos del camino y de una pequeña cueva con agua filtrándose desde el techo. Una hermosa cueva natural convertida en un espantoso basural compuesto por bolsas, botellas, latas y todo eso que deberían llevarse las expediciones en lugar de dejar en la cordillera.

Sin lugar a dudas, alguien que camina por las quebradas y las montañas andinas no significa que sea un amante de la naturaleza, de las montañas o de las culturas tradicionales. En muchos casos se trata de personas no practicantes del ecoturismo sino del egoturismo que visitan sitios naturales, toman fotos y dejan el lugar peor que como lo encontraron. Hace poco mi amigo Víctor Rímac comentó algo similar sobre los escaladores en los Himalayas:

Conocí en mi expedición a muchas personas, entre ellas a un ruso, Rustem Amirov, compartimos algunos campamentos y luego cada quién siguió su camino. Para el día 17 (Mayo 2018) salí de mi campamento rumbo hacia la cumbre, cuando ví a algunos metros a alguien pidiendo ayuda. Todos pasaban por su lado pero ninguno paró a ayudarlo. Decidí volver y junto a otros dos sherpas lo llevamos hasta el campamento tres. Los sherpas siguieron su camino y yo me quedé con él. Le suministré Dexametasona y salí a buscar oxígeno para poder ayudarlo, pero entre todas las personas que subían y bajaban, ninguno quiso darme un poco de oxígeno. Luego de unas horas falleció. Allí me di cuenta que no era la montaña quien había cobrado su vida sino el egoísmo de todos los que estaban allí presentes. Lo dejé allí esperando que alguien viniera al rescate de su cuerpo, pues ya no podía hacer nada por él y seguí mi camino hacia arriba. Hubo allí un punto de quiebre pues descubrí que todos los que estábamos allí estábamos por ego, por publicidad, por dinero, pero no por amor a la montaña, y eso desde mi perspectiva, es una ofensa para ella”. Fuente: Alpinismoonline (4 de junio de 2018).

Ofensa a la montaña, ofensa a la naturaleza, ofensa a la vida… ¿Qué hacer? No usar botellas descartables, recoger su basura, recoger la basura de otros, pagar tarifas justas y no de explotación, paguen las entradas al Parque Nacional Huascarán y/o a las comunidades como Llámac o Pocpa, y exigir que cuiden los lugares que administran (que los guardaparques no sean solo ‘cobraparques’ sino realmente guardaparques).

Sería genial que un día al ver un guardaparque, este, en lugar de decirte “¿Su entrada?“, te diga algo como “Buenos días Amigo Visitante, bienvenidos al Parque Nacional Huascarán, ¿desea información sobre la ruta que va a hacer? ¿ya compró su ticket de ingreso?“. Y, obviamente, más bonito sería que los letreros del Parque Nacional Huascarán del Ministerio del Ambiente de Perú no solo estén solo en castellano e inglés para los turistas, sino que también estén en el idioma materno de los que habitan este bendito territorio: en la telúrica y hermosa lengua quechua.

En fin, no porque hayas pagado tu entrada y a tus auxiliares de montaña te da derecho a ensuciar y olvidar tu deber de cuidar. “¿Deber de cuidar?

A ver, ¿para qué has ido a Huayhuash? ¿Para pasar un bonito tiempo en las montañas? Ya. ¿Qué te dan las montañas? “Tranquilidad, Desconectarme, Conectarme, Aventuras, Observar a las Aves, Bañarme en la laguna, Fotos, etc“. Ya. ¿Qué le das a las montañas? “[Silencio]“. Llegas, tomas tu foto, dejas tu recuerdo en el baño debajo del quenual (o detrás de la roca) y te vas. Como cualquier industria basada en la extracción y depredación: llegan, toman, dejan su recuerdo y se van.

Todos los que llegan a las montañas son parte de un movimiento masivo que genera impactos negativos en el entorno social y ambiental de los destinos. “Pero, ¡el turismo es una industria sin chimeneas!“. No mames güey. ¿Qué haces para minimizar el impacto de ese movimiento del cual formas parte ineludiblemente? Ya seas turista, viajero, aventurero, trotamundos, peregrino, andariego, bicijipi, montaraz, hobbit de la comarca, elfo de los bosques o la etiqueta que quieras ponerte. Si dices o piensas que amas la naturaleza, ¿cómo demuestras ese amor?

Decir que amas la naturaleza porque la frecuentas cada fin de semana es pero tan de zoquetes como decir que amas a las mujeres porque cada fin de semana te vas en la noche a ese lugar prostibulario ubicado al norte de Huaraz en Vichay. Eso no es amar.

Amar es otra cosa. Son muchas cosas en realidad, y entre ellas: amar es cuidar lo que amas, de tantas maneras como te sea posible. De repente no puedes hacer nada por la naturaleza en Huayhuash, de repente sí, pero ya en casa ahí tienes tanto por hacer, empezando por consumir responsablemente, reducir los desperdicios, hacer compost y sembrar plantas en macetas o en tu jardín, reciclar y tanto más.

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> Flores de Lupinus sp., variedad silvestre del chocho (Lupinus mutabilis).

El Presagio del Zorro

En la cena, Geonela nos contó sobre el Presagio del Zorro. Nunca había escuchado algo parecido pero al parecer es una historia que circula entre los guías y auxiliares de montaña. Así como la presencia de la lechuza en el mundo andino anuncia la muerte de alguien cuando se sostiene en la rama de un árbol próximo a tu casa, cuando un zorro se cruza en tu camino y se detiene delante, es una seña clara de mal augurio.

Le pasó a Geo en la caminata de Vaquería a Santa Cruz, cuando exploraba una ruta que no conocía con unos clientes para ver una laguna cerca de punta Unión. Un zorro llegó y se le puso delante en el sendero. Tan cerca que se sorprendió y asustó. Inmovilizada, los clientes la ayudaron a ahuyentar al zorro. Luego, siguieron de frente por la ruta, se perdieron unas horas y se llevaron un susto. Felizmente nada pasó más allá de unas cuantas norteamericanas lágrimas.

Encontré muy interesante esto del zorro. Lo interesante no es que sea una superstición: una creencia racional con su toque sobrenatural basada en evidencias acumuladas durante siglos. Ya como creencia es interesante antropológicamente y hasta puede ser parte del patrimonio inmaterial de los pueblos andinos. Pero no me pareció interesante en ese sentido. Lo más interesante, pienso, es que el zorro se ponga delante de las personas advirtiendo lo que va a pasar, y las personas no hagan caso de la advertencia y sigan su camino.

¿En algún momento de las culturas andinas esta seña hubiese sido interpretada de otra manera? Me parece tan obvio que si. Me imagino esto ocurriendo en los tiempos de Chavín, muy lejos de ‘los postulados materialistas de la ciencia occidental’ (Mabit 2018): vas caminando por la quebrada y se te cruza el tío Atuq, un astuto zorro, que con su mirada te dice: “Papachito lindo, qué haces por acá, no sigas, te vas a perder, llorando llorando vas a estar, regresa por favor, por acá no es” (todo esto en quechua obvio). Y tú, en total contacto, relación y comunicación con la naturaleza y sus seres: te das vuelta y regresas obedeciendo al mensajero de la Pachamama. Pero claro, hoy en día, qué se le va a ocurrir a las personas que el zorro, el halcón o el picaflor te están diciendo cosas. El Pachakuti de Luz está creciendo todavía así que mejor no compartas estas cosas a todos.

Recordé el artículo de la estupenda arqueóloga Helena Horta (2016) sobre la resignificación de las tabletas de inhalación de Tiwanaku en Atacama durante la colonia. Las tabletas que por lo menos ochos siglos antes habían sido usadas para inhalar willka (Anadenanthera colubrina) en el siglo XVII eran utilizadas como recipientes para ofrendas:

“Lo interesante es que en este caso, a nuestro juicio, las tabletas dejaron de ser parte de un complejo alucinógeno para integrarse en una parafernalia distinta vinculada con un ritual de fertilidad de los campesinos de Lasana del siglo XVII. En el hueco de las tabletas depositaban los primeros granos que cogían de sus sementeras y los ofrecían en adoración. Si la tableta se había convertido en un ídolo, o en una representación de una divinidad a la que se ofrecía adoración o se agradecía por los frutos cosechados, estamos ante una resemantización colonial, donde un objeto antiguo y sagrado conectaba también con un pasado cuya memoria se desvanecía” (Hidalgo 2011: 134-135).

Una resignificación del objeto. En el caso del Presagio del Zorro, lo que estaría ocurriendo sería una resignificación del fenómeno. Puede ser. ¿Por qué no? Las culturas cambian, son dinámicas, crean, se apropian, se adaptan, dejan de hacer, empiezan a hacer, etc. Los usos culturales de una planta, los símbolismos asociados a un animal y las interpretaciones culturales no son iguales en territorios y épocas distintas, e incluso en la misma época y territorio.

> A la derecha, Imagen en la Estela Raimondi de Chavín. A la izquierda, Imagen central en la Portada del Sol en Tiwanaku.

Otro ejemplo que cae dentro de las resignificaciones culturales (que discutiremos en un post futuro en este blog), es el caso del llamado ‘Ser de los Báculos’. En la Estela Raimondi de Chavín de Huántar, el ser tiene colmillos, mira hacia arriba, sonríe, sus báculos son idénticos y de la cabeza se le abre una especie de tocado con siete serpientes a cada lado y otro par de ellas trenzadas en el centro. En la Portada del Sol en Tiwanaku (por lo menos 1,000 años después), el ser tiene una onda solar, te mira de frente, llora, sus báculos son asimétricos y en lugar de serpientes y jaguares todo remite a las aves. ¿Qué les transmite cada imagen a ustedes?

La cultura Tiwanaku es super interesante. Pero bueno, sigamos en Huayhuash, y si algún día, en un futuro cercano o lejano, un zorro se les cruza delante en el sendero, ya están avisados.

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> Laguna Jahuacocha abajo y a la izquierda, más arriba Solteracocha. Los nevados, de izquierda a derecha: Rondoy (5,771 m, con nubes), Jirishanca (6,094 m), Yerupajá Chico ( 6,121 m) y Yerupajá (6,634 m), desde el cerro Huacrish.

DÍA 3 : Travesía Cerro Huacrish – Raucha Punta – Escalón Punta

¿Quién no sueña en la montaña? Me pasa y no son simples sueños. También me pasa mucho en Chavín: una vez soñé que habían cientos de cóndores volando sobre el templo y que muchos de ellos formaban una especie de canal aéreo que iba de sur a norte. Primera vez que soñaba con cóndores. Ya había visto cóndores volar en la Cordillera Blanca años antes.

Honestamente, el cóndor (Vultur gryphus) es una ave a la que no le había prestado mucha atención. Sí, había leído al respecto y sobre cómo en la colonia tuvo su propia resignificación (Mayer y Millones 2012), dándosele un valor similar a las águilas en los emblemas europeos.

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Como en los escudos nacionales de Chile, Colombia, Ecuador y Bolivia (ver arriba), y en el emblema del APRA (partido político peruano):

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> Imagen que nos trae a la mente el nefasto día en que el presidente aprista Alan García Pérez inauguró el Museo Nacional Chavín el 2008 mientras un cerco de policías impedía la participación de los pobladores de Chavín (“Las piedras suplican auxilio“, Hernández 2012).

Para muchos estudiosos, las aves representadas en Chavín no son cóndores, se tratan de águilas y halcones. Ya desde 1932 Yacovleff había cuestionado la interpretación inicial de Julio C. Tello. Y luego en la Conferencia sobre Chavín de Dumbarton Oaks en 1968, Donald Lathrap argumentó de que el ave principal en Chavín se trataba de un águila harpía.

> Representación del águila harpía en el Obelisco Tello, con las plumas eréctiles sobre la cabeza.

Tiene sentido. Aparte del águila, también está el Halconcito colorado o Cernícalo americano (Falco sparverius). En las columnas de la portada de las falcónidas del Templo Nuevo (Edificio A) podemos distinguir la diferencia: ojo de águila/femenino, ojo de halcón/masculino. Ambas rapaces pero cada una con comportamientos de caza distintos: el águila sobrevolando y viendo a su presa desde arriba; el halcón persiguiéndola a alta velocidad.

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> Halconcito colorado (Waman en quechua, Falco sparverius) con sus típicas ‘lágrimas’ u ocelli. Los halcones son las aves más rápidas. En Chavín de Huántar, hay un nido de halcones sobre la portada de las falcónidas. Fuente: Bellas Aves del Salvador.

Otras aves importantes dentro de las cosmovisiones andinas son el Caracara (Phalcoboenus megalopterus, sus plumas fueron utilizadas en el mundo Inca para las maskaypachas), los colibríes, los loros, los guacamayos (Ara ararauna y Ara chloropterus, en sombreros y turbantes Wari), los patos, las lechuzas y los búhos, entre tantísimas otras.

La importancia del cóndor ha quedado registrada en nombres de lugares como Kuntur Wasi (‘Casa del Cóndor’, en Cajamarca), montañas como Kuntur Wachanan (‘Donde nace el cóndor’, en Huánuco) y Kuntur Sinqa (‘Nariz de cóndor’, en Recuay), cerros como Condorwain (‘Casa del Cóndor’, en Huaraz) y en los sombreros de los bailarines del ‘Wiskur Danza’ en Chavín de Huántar.

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> Bailarines del ‘Wiskur Danza’ tomándose un descanso en Chavín de Huántar. Fuente: Middendorf (1895).

El Vuelo del Cóndor

Para tener una buena vista de los nevados Rondoy, Jirishanca, Yerupajá Chico, Yerupajá y demás, uno sube al Cerro Huacrish (5,622 m). Ya desde la mitad de la subida se veían los cóndores.

No se trataban de cóndores semi domesticados como los del Colca en Arequipa, alimentados por el hombre. En Huayhuash, los cóndores dependen de ellos mismos para sobrevivir.

Estábamos en la cumbre del Huacrish viendo los nevados cuando, de pronto, del paso Rondoy Punta a los pies del nevado del mismo nombre, sobre los 6,000 metros por lo menos, empezó a venir un cóndor. Cruzó toda la quebrada, desde el NE, hasta perderse por el paso en Escalón Punta, al SO. Todo esto duró como unos 3 minutos. Mientras tanto, nosotros de pie y con dificultad para estar inmóviles por el viento en la cumbre. Si nosotros sentíamos esa fuerza del viento y nos costaba querdarnos quietos, imagínense estar volando a 6,000 metros como ese cóndor. Iba tranquilo, planeando, aprovechando las corrientes de aire.

Me quedó clarísima la fuerza, la serenidad y la sabiduría del ave voladora más grande del mundo. Como ave carroñera, la asociación con el poder de transmutación de la muerte es clara. Como ave que vuela tan alto y busca anidar en cornisas a las que les llega la luz del sol temprano, la asociación con lo solar también es obvia. Como las águilas, posee gran visión y es una maestra del aire.

Los halcones y águilas hembras son más grandes que sus contrapartes masculinas. Los cóndores también poseen un dimorfismo sexual similar, pero al revés: los cóndores machos son más grandes que las hembras y, además, estos llevan cresta.

En Chavín, se afirma con buenos argumentos la asociación de lo femenino con el águila y lo masculino con el halcón. ¿Y el cóndor? Habría que ver primero dónde se representa al cóndor en Chavín y no hay nada seguro. He revisado los artículos, las esculturas y las iconografías. Las características que diferencian a águilas, halcones y cóndores se entremezclan. Por ejemplo, miremos la figura de abajo:

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> Cornisa con ave hallada en 1919 en la esquina noroeste del Templo Nuevo en Chavín de Huántar. Fuente: Rowe (1967).

El ave arriba reúne características de águila (plumas eréctiles sobre la cabeza), de halcón (ojo circular) y cóndor (cresta sobre el orificio nasal, alas rectangulares y voluta/¿collar? en la parte posterior del cráneo). En la iconografía el dedo trasero representado nos puede remitir a las tres aves. La presencia de las alulas (las pequeñas plumas sobre las rémiges primarias) nos remiten solo a las águilas y a los halcones.

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> Halcón peregrino (Falco peregrinus), presente en los Andes. Nótense las alulas sobre las plumas rémiges (las más grandes a ambos lados). El halcón peregrino es el ave más veloz del mundo. Fuente: avesrapaces.wiki.

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> Águila harpía: Si la maskaypacha Inca tuvo una inspiración en la naturaleza, esta debió haber sido al observar al águila harpía. Fuente: Pinterest.

Pienso que en Chavín el cóndor habría de estar asociado a lo masculino. No obstante, se tiene esta escultura:

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> Escultura de ave en el Museo Nacional Chavín. Fuente: Museo Rietberg/Suiza.

Dos características en la escultura la cabeza elongada y la voluta en el cuello nos remiten al cóndor, y al cóndor hembra porque no lleva cresta (¿o se le cayó?). Esta pieza es realmente única. Parece ser una más de las cabezas clavas pero no, es diferente, especial como el Obelisco, la Estela Raimondi o la Estela de Yauya.

Un misterio más de Chavín…

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> Camino que va desde el Cerro Huacrish hasta Llaucha Punta. Foto: RR.

DÍA 4 : Camp. Jahuacocha a Llámac

El último día, salimos del campamento en Jahuacocha y seguimos por el sendero hasta Llámac, un camino que recorre un canal de agua. Recorrimos unos 14 kilómetros en 3 horas y media.

Fueron unos días muy especiales. Sin embargo, me dejan pensando en sobre cómo se deben manejar los impactos del turismo en una zona no tan protegida. Cada vez llegan más personas: la contaminación aumenta y el cambio climático se acelera. ¿Qué va a ocurrir con los cóndores de Huayhuash? ¿Esto es un tema solo de los Chiquianos?

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>Carpas y más carpas en el campamento, a la izquierda de la laguna Jahuacocha, vista desde la subida al Cerro Huacrish. Mayo 2018.

DATOS TÉCNICOS

Punto de Inicio: Llámac
Campamentos: Rondoy Vado (1 noche), Inkawayin/Camp. Jahuacocha (2 noches)
Punto de Fin: Llámac
Duración: 4 días
Longitud: 50 kilómetros
Punto más alto: Sambuya Punta (4,750 m s.n.m.)

OTRAS CAMINATAS

SHUNQU NAANI: Caminata Olleros – Chavín de Huántar

REFERENCIAS

DINAMARCA, Hernán
2018. Ayahuasca: una medicina de un potencial increíble. Entrevista al Doctor Jacques Mabit: Médico occidental y chamán amazónico. Sitiocero.net.

HERNÁNDEZ ASENSIO, Raúl.
2012. Las piedras suplican auxilio. Arqueólogos, huaqueros y autoridades locales en Chavín de Huantár (1870-1945). Lima: IEP – Instituto de Estudios Peruanos.

HORTA, Helena, HIDALGO LEHUEDÉ, Jorge y Valentina FIGUEROA LARRE
2016. «Transformación y resignificación de la parafernalia alucinógena prehispánica en atacama a la luz de un documento del siglo xvii». En Estudios atacameños, San Pedro de Atacama, n. 53, p. 93-116.

LATHRAP, Donald W.
1971. «The tropical forest and the cultural context of Chavín». En Dumbarton Oaks Conference on Chavín, edited by Elizabeth P. Benson, pp. 73-100. Dumbarton Oaks Research Library and Collection, Washington, D.C.

MAYER, Renata y Luis MILLONES
2012. La Fauna Sagrada de Huarochirí. Lima: IEP – Instituto de Estudios Peruanos.

MIDDENDORF, Ernst Wilhelm
1895. PERU; Beobachtungen und Studien über das Land und seine Bewohner während eines 25 Jährigen Aufenthalts. [PERÚ: Observaciones y estudios del pais y sus habitantes durante una permanencia de 25 años]. Berlin : Meisenbach Riffarth & Co.

ROWE, John H.
1967. «Form and Meaning in Chavin Art». En Peruvian Archaeology: Selected Readings, edited by John H. Rowe and Dorothy Menzel, pp. 72-103.

YACOVLEFF, Eugenio
1932. «Las falcónidas en el arte y en las creencias de los antiguos peruanos». En: Revista del Museo Nacional, vol. 1, nr 2, Lima.

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