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Taki Onkoy: el despertar de las Huacas
por José Carlos Orrillo
Publicado originalmente en EL OJO INTERIOR 11 (Septiembre 2016)

En la construcción de la utopía andina un acontecimiento decisivo fue el Taki Onkoy: literalmente, enfermedad del baile… Los seguidores del Taki Onkoy no querían volver al tiempo de los incas, sino que predicaban la resurrección de las huacas, es decir las divinidades locales. La vuelta al pasado, pero todavía como tiempo anterior a los incas.
Alberto Flores Galindo

Cuando en 1964 el antropólogo Luis Millones publica el primer estudio sobre el Taki Onkoy utilizando la documentación de la época, se rescató para la historiografía peruana la memoria de uno de los movimientos de resistencia indígena más singulares de nuestra historia. A diferencia de los movimientos insurgentes de Juan Santos Atahualpa y Túpac Amaru II, frecuentemente considerados sólo en su matiz político – militar, aquel tuvo profundas raíces culturales y religiosas.

El movimiento nativista del Taki Onkoy surgió en 1565 en las regiones sureñas del actual departamento de Ayacucho. Sus sacerdotes “predicaban un mensaje de rechazo al invasor que contenía una interpretación de la conquista, o que resultaba de ella. Además, instruían a sus seguidores en los detalles de un ceremonial que incluía cantos y bailes de éxtasis. En cierta medida se trataba de una celebración ritual que intentaba dar sentido comunal a un grupo asediado y arrasado por el conquistador. Las formas más primordiales de lo mítico andino se constituyeron en el refugio y baluarte de la sociedad conquistada. Las prácticas rituales del Taki Onkoy parecen surgir de estratos muy arcaicos; su mensaje empieza a mostrar la dimensión utópica en la que habría de instalarse el discurso mítico andino”. (1)

Lo fascinante de este movimiento es el carácter extático y ritual de su propuesta: no fue un levantamiento en armas, sino el rechazo total y performático de toda la cultura y de la presencia misma del invasor europeo, incluyendo, por supuesto, su religión. El Taki Onkoy predicaba el retorno a la antigua religión prehispánica, anunciando la restitución del poderío mítico de las huacas en todo el territorio andino, cuyos cultos y sacerdotes locales habían sido perseguidos por los incas. Las huacas de todo el Perú, lideradas por la huaca Pachacamac y la huaca Titicaca, estaban vivas nuevamente y poseían a los indios, trayendo consigo un mensaje de liberación (y posiblemente evasión) de la catástrofe total que significaba para ellos la conquista. (2)

Dado que los sacerdotes del movimiento no se ocultaban, irrumpían en las iglesias y predicaban a la luz del día, sus seguidores fueron fácilmente identificados, apresados y enviados a la ciudad del Cusco, donde sufrieron ejemplares castigos. El movimiento, aparentemente, fue sofocado. Pero, ¿fue así realmente? Un movimiento como este, enraizado tan profundamente en un aspecto esencial de la cultura andina como es el ancestral culto a las huacas, ¿podría haber desaparecido completamente? ¿O es que algunas formas y expresiones veladas del Taki Onkoy han sobrevivido hasta la actualidad?

Si limitamos nuestra respuesta a las formas artísticas más visibles de la cultura andina, la Danza de Tijeras sería el ejemplo más espectacular. Los actuales Danzantes de Tijeras son los descendientes directos de los antiguos sacerdotes y curanderos prehispánicos que fueron perseguidos durante la colonia, y en la ejecución de su danza ritual encarnan a los espíritus de los Apus y la Pachamama. Ellos serían la prueba más obvia de que las fuerzas telúricas que animaron el Taki Onkoy siguen actuando en la actualidad. Sin embargo, creemos que hay otras manifestaciones o formas de supervivencia del Taki Onkoy, más veladas pero no por eso menos influyentes en nuestra cultura.

El Taki Onkoy es el Despertar de las Huacas. Y este despertar tiene varias connotaciones. Nuestra premisa es que el Taki Onkoy sigue vivo en nuestros días, y que está encarnado por diferentes creadores, científicos o investigadores, o incluso gente común (agentes culturales), cuyas vidas y trabajo están centrados en el despertar de la esencia de la cultura andina. Más allá del carácter utópico del movimiento indígena, sostenemos que hoy, el Taki Onkoy es un anhelo profundo y una realidad viva de nuestra tierra, que permaneció latente durante siglos, mimetizada en la sombra, pero que ya empieza a hacerse visible.

Para un arqueólogo como Ignacio Alva, que ha liderado el proyecto de investigación y puesta en valor de la huaca y la comunidad de Ventarrón en el departamento de Lambayeque, estas ideas no son extrañas. Para él, en el Perú de hoy “cada uno de los que estamos comprometidos con la naturaleza y la visión hemos tenido maneras de vivenciar y concebir nuestro anhelo”. Y de realizar la utopía. Pues así como los seguidores del movimiento del siglo XVI eran poseídos por las huacas y se veían obligados a danzar y convulsionar, hoy, quienes encarnan el Taki Onkoy dedican sus vidas a defender y propagar el mensaje y la sabiduría de las huacas: son los espíritus guardianes de la cultura andina. Son los arqueólogos, antropólogos, cineastas, pintores, músicos, danzaqs, maestros curanderos, maestros de escuela, profesores universitarios, campesinos y poetas, jóvenes, mujeres y niños, tejedores y tejedoras, ceramistas, escultores, creadores en fin, que encarnar en sí mismos el despertar de la cultura andina, su conocimiento y espiritualidad, sus valores y sabiduría, ancestral y universal a la vez.

Hace pocos días tuve la oportunidad de asistir al Coloquio sobre Gestión del Patrimonio Arqueológico de la Costa Norte, organizado por la Fundación Wiese. Entonces pude conocer el extraordinario trabajo que vienen realizando los arqueólogos peruanos por la investigación y puesta en valor social de los monumentos arqueológicos en relación con las comunidades locales donde estos se encuentran. Ahí escuché contar a Walter Alva, con profunda emoción, cómo el Señor de Sipán fue recibido en Lima con honores de Jefe de Estado. Ahí escuché decir que “los arqueólogos tienen que casarse con su huaca”.

Nosotros creemos que no sólo los arqueólogos, sino todos los peruanos deberíamos “casarnos con nuestras huacas”. Tenemos que empezar a conocer y respetar nuestros antiguos templos, nuestros espacios sagrados, volver a acercarnos a ellos con aprecio sincero, con genuino interés. Si consideramos que el concepto de “huaca” expresa la esencia de lo sagrado en el mundo andino, realizar el Taki Onkoy significa dedicar nuestra vida al Despertar de las Huacas. De la activación de su energía dependerá la activación real de nuestro territorio; esto implica recuperar nuestro equilibrio interior, la curación de nuestras heridas como sociedad, esta sociedad quebrada desde la conquista.

El anhelo por el Taki Onkoy que subyace en el fondo de nuestra cultura obedece a la necesidad histórica de recuperar nuestra raíz espiritual más profunda: el substrato de conocimiento que nos vincula con la Tierra y con los dioses de esta Tierra. Las huacas son las formas de lo divino más antiguas concebidas por el hombre andino y están esperando, dentro de nosotros mismos, el momento de su despertar.

Referencias

(1) Hernández, M., Lemlij, M., Millones, L., Péndola, A. y Rotsworowski, M. Entre el Mito y la Historia. Psicoanálisis y pasado andino. Ediciones Psicoanalíticas Imago, Lima, 1987
(2) Flores Galindo, A. Buscando un Inca. Identidad y utopía en los Andes. Ediciones Casa de las Américas, La Habana, 1986

Sobre Jose Carlos Orrillo

Periodista, fotógrafo y artista visual, dedicado a la docencia universitaria y fotografía documental.
Canal de Youtube de JCOrrillo.
Página web de su proyecto documental INTANGIBLE.

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