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Plantas Visionarias y Literatura (I) – Algunos Extractos
Selección por Duván Rivera y Carlo Brescia.
Octubre 2016

Himno nepalí al dios Shiva – siglo XV

“Luego de pelear con su familia, [Shiva] se retiró al campo donde cayó dormido bajo un frondoso árbol. Cuando se despertó, sintió curiosidad por la planta, entonces decidió probar las hojas. Al instante se sintió rejuvenecido y la cannabis sería por siempre su comida favorita

Con mis ojos rojos de cáñamo dirigidos al interior
te vivo en mi embriaguez,
y he dejado el mundo atrás.

¡Bom Shankar!

En tu honor elevo mi chilum hacia mi frente, para abrirme en ti.

¡Om nama Shiva!”

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COLERIDGE, Samuel Taylor
2009 [1816]. Kubla Khan y otros poemas. Madrid: Alianza.

“En Xanadu, Kubla Khan
decretó la construcción de una majestuosa mansión de placer:
donde Alfeus, el río sagrado, corría
a través de cavernas inconmensurables para el hombre
hacia abajo, hacia un mar sin sol.

Así dos veces cinco millas de tierra fértil
fueron rodeadas por murallas y torres:
Y había jardines brillantes con arroyuelos sinuosos,
donde florecían muchos árboles de incienso;
y aquí había bosques tan antiguos como las colinas,
envolviendo espacios llenos de sol.

Pero ¡oh! aquel profundo abismo romántico que se inclinaba
bajando a través de la verde colina cubierta de cedros!
Un lugar salvaje! Tan santo y tan encantado
como el que alguna vez fue perturbado bajo una luna menguante
por una mujer lamentándose por su amante-demoníaco!

[…] y cerrad los ojos con santo temor,
Porque él se ha alimentado de ambrosía,
y ha bebido de la leche del Paraíso.”

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DE QUINCEY, Thomas
2013 [1821]. Confesiones de un inglés comedor de opio. Traducción por Damià Alou. Madrid: Santillana Editores Generales.

“El primer aviso de que estaba ocurriendo un cambio importante en esta parte de mi economía física fue que volvió a manifestarse una condición del ojo que, por lo general, se presenta en la infancia o en estados de extrema irritabilidad. Ignoro si el lector tiene noticia de que muchos niños, tal vez la mayoría, son capaces de pintar, por así decirlo, toda suerte de fantasmas sobre la oscuridad; en algunos, tal facultad es tan sólo una afección mecánica del ojo; otros disponen de un poder voluntario o semivoluntario para convocar y despedir las imágenes o, como en una ocasión me dijo un niño al que interrogaba sobre esto: «Puedo decirles que se vayan y se van, pero a veces vienen sin que les haya dicho que vengan.» Le respondí que tenía sobre las apariciones autoridad casi tan ilimitada como la de un centurión romano sobre los soldados. A mediados de 1817, si mal no recuerdo, esta facultad se volvió verdaderamente penosa; por las noches, mientras me hallaba acostado y sin dormir, desfilaban ante mí vastas procesiones de lúgubre pompa, frisos de historias interminables tan tristes y solemnes como si fuesen de tiempos anteriores a Edipo y a Príamo — anteriores a Tiro—, anteriores a Menfis. Al mismo tiempo se produjo un cambio equivalente en mis sueños; de pronto se abrió e iluminó en mi cerebro un teatro en el que cada noche se presentaban espectáculos de esplendor más que terrenal.”

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POE, Edgar Allan
1838. Ligeia.

“Entre esos muros, en esa cámara nupcial, pasé con Rowena de Tremaine las impías horas del primer mes de nuestro matrimonio, y las pasé sin demasiada inquietud. Que mi esposa temiera la índole hosca de mi carácter, que me huyera y me amara muy poco, no podía yo pasarlo por alto; pero me causaba más placer que otra cosa. Mi memoria volaba (¡ah, con qué intensa nostalgia!) hacia Ligeia, la amada, la augusta, la hermosa, la enterrada. Me embriagaba con los recuerdos de su pureza, de su sabiduría, de su naturaleza elevada, etérea, de su amor apasionado, idólatra. Ahora mi espíritu ardía plena y libremente, con más intensidad que el suyo. En la excitación de mis sueños de opio (pues me hallaba habitualmente aherrojado por los grilletes de la droga) gritaba su nombre en el silencio de la noche, o durante el día, en los sombreados retiros de los valles, como si con esa salvaje vehemencia, con la solemne pasión, con el fuego devorador de mi deseo por la desaparecida, pudiera restituirla a la senda que había abandonado -ah, ¿era posible que fuese para siempre?- en la tierra.”

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GAULTIER, Théophile
1846. El Club del Hachichinos.

“En mi pecho vi claramente el haschisch que había ingerido en forma de esmeralda que emitía millones de suaves destellos.

[…] En el espacio, flores de todas clases caían sin cesar de un modo que suscitaba la irremediable comparación con las combinaciones de un caleidoscopio.

[…] Lo que distingue a la intoxicación de haschisch es su carencia de continuidad. Se apodera de uno y después le abandona; te elevas hasta el cielo y vuelves a la tierra sin transición. Como en la locura, se tienen momentos de lucidez.”

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BAUDELAIRE, Charles
1860. Los Paraísos artificiales.

“[…] Los sentidos adquieren una finura y una agudeza extraordinarias. Los ojos alcanzan el infinito. Los oídos perciben los sonidos más tenues en medio de los ruidos más agudos. Comienzan las alucinaciones. […] Los sonidos tienen color, los colores tienen música. […] Un intervalo de lucidez os permite con gran esfuerzo mirar el reloj. La eternidad ha durado un minuto.

[…] Todos los problemas filosóficos están resueltos. Todas las arduas cuestiones contra las cuales se baten los teólogos, desesperantes para la humanidad que razona, son límpidas y claras. Toda contradicción se hace unidad.”

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ARTAUD, Antonin
1984 [1945]. México y Viaje al País de los Tarahumaras. México D.F.: Fondo de Cultura Económica.

“El peyotl conduce al ser de vuelta a su verdadera fuente. Cuando alguien ha experimentado tal estado visionario, es imposible para uno confundir la mentira con la verdad como antes.”

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HUXLEY, Aldous
1954. Las puertas de la percepción.

“La familiaridad engendra el desdén y el cómo sobrevivir es un problema cuya urgencia va de lo crónicamente tedioso al auténtico tormento. El mundo exterior es aquello a lo que nos despertamos cada mañana de nuestras vidas, es el lugar donde, nos guste o no, tenemos que esforzarnos por vivir. En el mundo interior no hay en cambio ni trabajo ni monotonía. Lo visitamos únicamente en sueños o en la meditación, y su maravilla es tal que nunca encontramos el mismo mundo en dos sucesivas ocasiones. ¿Cómo puede extrañar entonces que los seres humanos, en su busca de lo divino, hayan preferido generalmente mirar hacia adentro?”

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BURROUGHS, William y Allen GINSBERG
2006 [1963]. Las cartas de la ayahuasca. Traducción de Roger Wolfe. Barcelona: Editorial Anagrama.

“Vomité con violencia apoyándome contra un árbol y caí al suelo en una desamparada desdicha. […] Me esforzaba por salir de ese embotamiento y mareo, y repetía sin cesar: ‘Lo único que quiero es salir de aquí’.

[…] Busqué el nembutal con mis dedos dormidos, como de madera. Tenía la boca seca, pero de algún modo mastiqué y tragué el nembutal.”

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MICHAUX, Henri
2000 [1966]. Las grandes pruebas del espíritu y las innumerables pequeñas. 2da edición. Traducción de Francesc Parcerisas. Barcelona: Tusquets Editores.

“Iluminación: contemplación absolutamente no apropiadora, que solamente recibe, absolutamente no conquistadora, absolutamente tranquilizante, desegoizante, que ciega las pequeñas discriminaciones en favor de una clarividencia vasta e insólita.

La inteligencia de las distinciones suplantada de modo sorprendente.

El espíritu de desvalorización totalmente desaparecido. Interés desinteresado. Pero la variedad innumerable del mundo bien debe estar ahí, a pesar de los pesares… Sólo lo está si queremos apropiarnos, clasificar, delimitar, determinar.

Ahora ya nos encontramos más allá.

Sabiduría no profana. No utilizable.

El absoluto: la auténtica no-violencia.”

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JÜNGER, Ernst
2008 [1970]. Acercamientos: drogas y ebriedad. Barcelona: Tusquets.

“Hemos empezado a construir la casa por el tejado: Europa, Oriente, México. En primer lugar, el goce puro con sus ventajas y peligros, después la aventura con sus regiones fantásticas, estéticas y espirituales, finalmente acercamientos, por los que, en el pasado, hubiéramos corrido el riesgo de ser quemados o venerados y para los que nos ahorramos los nombres. La palabra cristaliza.

[…] Paseaba arriba y abajo, me acomodaba en el sillón y observaba los libros. Los lomos se alzaban como torres – no era consciente de cuánta energía se ocultaba aquí. Que estuvieran estampados, que exhibieran frontispicios y textos, era irrelevante, era simple reflejo, sombra platónica de un poder espiritual. La autoría era un préstamo mínimo limitado en el tiempo.

No siempre podía ver así el fenómeno, ni siquiera el simple fenómeno. Es bueno que nuestra percepción lo filtre, que nuestros sentidos lo dividan, que la palabra lo fije. Pasé a la otra habitación, donde estaba el hijo sentado a la mesa; habían acabado de comer. La mujer cruzó la puerta con gesto de sacerdotisa, las manos entrecruzadas sobre el pecho. Las mangas colgaban hasta el suelo. Estaba de pie, clara, en un marco oscuro; yo la vi en su menester y en su cargo, vi también el animal totémico del sol, así como había visto los libros.”

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NIN, Anaïs
1974. The Diary of Anaïs Nin, Volume V (1947–1955). Nueva York: Mariner Books.

“Después de esa sensación dorada tenía una sensación de peligro. Mi mundo es tan hermoso, tan hermoso, pero tan frágil. Yo estaba abogando por la protección de esta belleza evanescente. Pensé que era la mente viva más rápida y la más rápida con las palabras, pero las palabras no pueden ponerse al día con estas transformaciones, metamorfosis. Están más allá de las palabras, más allá de las palabras …. Las ciudades orientales se desvanecieron y el infinito apareció de nuevo, pero ahora a ambos lados se ubicaban jardines celestiales de piedras preciosas con tallos de plata y oro. Tentación de no seguir adelante con el infinito, sino disfrutar de los jardines. El espacio es definitivamente sin apelación sensual.

El espíritu cómico de Anais se hizo a un lado y se rió de tanto espectáculo tipo ópera rusa. Pero la otra Anais mantuvo su pose de bailarina balinesa, con las piernas ligeramente flexionadas, las puntas de los dedos reunidos en un gesto simbólico de suplicar. Podía sentir el peso del brocado.

Vi una línea de costa de oro cuyas olas se rompían en polvo de oro macizo y luego convertíanse en espuma y cabello de oro, brillante y temblando de placeres de oro. Sentí que podía capturar el secreto de la vida, porque el secreto de la vida era la metamorfosis y la transmutación, pero sucedió demasiado rápido y estaba más allá de las palabras. El espíritu cómico de Anais se burlaba de las palabras y de ella misma. Ah, no puedo captar el secreto de la vida con las palabras.

Tristeza.

El secreto de la vida era la RESPIRACIÓN. Eso era lo que siempre había querido que hicieran las palabras, QUE HAGAN RESPIRAR. El espíritu cómico de Anais se levanta, se sacude desde adentro de su capa, alegre, irresponsable, se rinde a las dificultades abstrusas, AHORA SÉ POR QUÉ LOS CUENTOS DE HADAS ESTÁN LLENOS DE JOYAS.”

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HOFMANN, Albert
2013 [1979]. La historia del LSD – Cómo descubrí el ácido y qué pasó después en el mundo. Sexta reedición. Traducción: Roberto Bein. Barcelona: Editorial Gedisa.

“Estaba deprimido y me sentía tan feo y odioso que no habría osado (como efectivamente lo evité por la fuerza varias veces aquel día) mirarme en un espejo u observar el rostro de otra persona. Anhelaba que esta embriaguez finalizara de una buena vez; pero todavía tenía todo mi cuerpo en su poder. Creí sentir muy dentro de mí su pesada carga, y cómo rodeaba mis miembros con cien tentáculos de pólipo… sí, verdaderamente experimentaba este contacto que me electrizaba con un ritmo misterioso como el de un ser real, invisible, pero trágicamente omnipresente, al que le hablaba en alta voz, lo insultaba, le rogaba y lo desafiaba a un combate cuerpo a cuerpo… «No es más que la proyección de lo malo dentro de ti», me aseguraba otra voz, «es el monstruo de tu alma».

Este reconocimiento fue como un destello de espada. Me atravesó con un filo redentor. Los brazos del pólipo me soltaron —como cortados— y simultáneamente el gris del cielo, que hasta ahora había sido tan lúgubre y opaco, refulgía a través de la ventana abierta como agua iluminada por el sol. Cuando lo miré tan fascinado, se convirtió (para mí) en agua verdadera: se me ocurrió que era una fuente subterránea que de pronto había estallado y que ahora rebullía, hacia mí, que quería convertirse en un río, un lago, un mar, con millones y millones de gotas; y en cada una de estas gotas estaba bailoteando la luz… Cuando el cuarto, la ventana y el cielo habían vuelto a mi conciencia (eran las 13’25 horas), la embriaguez todavía no había terminado, pero sus secuelas, que me duraron dos horas, se parecieron mucho al arco iris que sigue a la tormenta.”

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CALVO, César
2011 [1981]. Las Tres Mitades de Ino Moxo y otros brujos de la Amazonía. Tercera edición. Lima: Grupo Editorial Peisa.

“- Es una historia larga, ya te dije. Si te contara todo, nada me creerías. Nunca se puede creer todo. ¿Sabes? Nuncanunca se puede escuchar todo…

– Yo estoy dispuesto a oírlo, maestro Ino Moxo -me oigo decir casi como un soborno-, para eso he venido…

– ¿Podrías? No, creo que no podrías -y su cabeza yendo a un costado, trayéndola de regreso sus ojos-: sólo para darte un ejemplo, mira la selva. Si te pones a escuchar todo lo que suena la selva, ¿qué escuchas?

Y como si acabara de capturarse él mismo, como si al mismo tiempo él fuera la cerbatana y el dardo y la presa y el cazador y los leños encendidos de la cocina esperando, Ino Moxo algarabía su voz:

[…] Y más que nada suenan los pasos de los animales que uno ha sido antes de humano, los pasos de las piedras y los vegetales y las cosas que cada humano ha sido. Y también lo que uno ha escuchado antes, todo eso suena en la noche de la selva. Dentro de uno mismo suena, en los recuerdos lo que uno ha escuchado a lo largo de su vida, bailes y pífanos y promesas y mentiras y miedos y confesiones y alaridos de guerra y gemidos de amor. Voces de agonizantes que uno ha sido o que uno ha escuchado solamente. Historias ciertas, historias de mañana. Porque todo lo que uno va a escuchar, todo eso suena, anticipado, en medio de la noche de la selva, en la selva que suena en medio de la noche. La memoria es más, es mucho más, ¿lo sabes? La memoria verídica conserva también lo que está por venir. Y hasta lo que nunca llegará, eso también conserva. Imagínate. Nada más imagínate. ¿Quién va a poder oírlo todo, dime tú? ¿Quién va a poder oírlo todo, de una vez, y creerlo…?”

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WASSON, Gordon
1983. El hongo maravilloso: TEONANÁCATL.

“‘Éxtasis’ no era el estado espiritual de alguna otra persona. Ya no era un superlativo trillado, gastado por el uso excesivo y el abuso. Significaba algo diferente y superior en clase, acerca de lo cual ahora podía yo atestiguar con conocimiento.

[…] Yo me sentía volar hacia aquellas puertas augustas como si fuera una mariposa frente a un faro enceguecedor, y las puertas se abrirían y me franquearían el paso. Pero no se abrieron, y con un ruido sordo caí en tierra, jadeante y sin aliento”.

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HOFMANN, Albert
1986. Mundo interior – mundo exterior.

“… mientras vagaba por el bosque recién reverdecido, al que atravesaban los rayos matinales del sol y henchía el canto de los pájaros, todo apareció bajo una luz desacostumbradamente clara. ¿No había mirado nunca correctamente hasta entonces y veía ahora, de pronto, el bosque primaveral tal como realmente era? Este resplandecía con el brillo de una belleza que penetraba y hablaba de forme peculiar al corazón, como si quisiera integrarme en su esplendor. Me embargó un indescriptible y feliz sentimiento de pertenencia y de gozoso acogimiento.

[…] Fue la ‘Palabra’, el ‘Logos’ , la ‘Idea’ que existía en el principio.
Nuestra capacidad de tener nuevas ideas, es decir, de ser creativos, es el don que compartimos con el creador de la idea primera de todas, de la idea de la que nació el mundo. Este don es nuestra herencia divina.

[…] No obstante, de vez en cuando necesitamos una visión, una panorámica sobre nuestra vida y una ojeada a su último fundamento espiritual, a fin de percibir en la perspectiva y el significado correctos nuestro lugar en el universo y nuestras obligaciones y problemas cotidianos.”

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DAVIS, Wade
2005 [1996]. El río – Exploraciones y Descubrimientos en la Selva Amazónica. Traducción por Nicolás Seuscún. Bogotá: El Áncora Ediciones / Fondo de Cultura Económica.

“-Yo nunca me enfermo- le contó Schultes. Bourroughs mencionó que en un momento sintió que se convertía en mujer negra, luego en hombre negro, después en hombre y mujer al mismo tiempo, y que todo serpenteaba como en un cuadro de Van Gogh. Había alcanzado la bisexualidad pura, convirtiéndose a voluntad en hombre o mujer, con desenfrenadas convulsiones de lujuria.

-Yo sólo veo colores, no tengo visiones- le dijo Schultes.”

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FAVARÓN, Pedro
2015. Puka Allpa – Viaje hacia la Selva Invisible. Primera edición. Lima: Biblioteca Abraham Valdelomar.

“El espacio me envolvía uterino. Percibía la materialidad del aire como se siente la densidad del agua cuando se nada. Cada partícula atmosférica se me abrazaba al cuerpo, pegado a mi como un manto tibio. El espacio, en verdad, no es vacío, sino substancia. Nuestros cuerpos se han acostumbrado a no percibir la atmósfera, a movernos como en la nada. Pero en ese momento las rutinas perceptivas cedía ante el asombro. Respiraba de forma plena en el instante, libre del pasado y sin ansias sobre el futuro. Estaba ahí, en el ahora, purificado y despierto a mis dimensiones sensoriales. Entendía la sustancialidad del aire con todos mis órganos.

Se aparecía ineludible en mi pensamiento la palabra pacha y sonaba con su antigüedad venerable, quechua, dulce y pétrea al mismo tiempo. Una voz hablaba desde mi corazón preñado con el ayawaska y me recitaba que pacha es substancia y nutricia. Para hablar del suelo que pisamos los quechuas usan la palabar allpa; pero pacha es otra cosa. Algo así como alimento fundamental, vida que viabiliza la vida. Y nosotros somos pacha, materia sensible, pensante, tierna. Pacha es espacio, tiempo, atmósfera: todo aquello que posibilita nuestros pálpitos y nutre nuestros respiros.”