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Rituales de Reciprocidad y Mediación en Huaca Ventarrón – Una Entrevista con Ignacio Alva Meneses
Por Carlo Brescia
Julio 2016

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> Mural en Huaca Ventarrón, escena de cacería de venados con redes. Fotografía: Jose Carlos Orrillo.

Ignacio Alva Meneses (Trujillo 1974) es arqueólogo por la Universidad de Trujillo y lidera el proyecto arqueológico Ventarrón desde el 2007. Huaca Ventarrón se ubica en el distrito de Pomalca, provincia de Chiclayo, región Lambayeque, y es uno de los sitios de ocupación humana más antiguos de Perú. Es también promotor del Paisaje cultural de cerro Ventarrón, e Investigador de Arte Rupestre e Iconografía, además de artista plástico y fotógrafo. Como buen arqueólogo del norte del Perú quienes investigan antiguos centros ceremoniales en medio de la tradición del curanderismo norteño, tiene un acercamiento cercano a la antropología de lo sagrado.

CARLO BRESCIA: Ignacio, en primer lugar felicitaciones por tu gran labor en el contexto de la arqueología Lambayecana. En segundo lugar, queríamos saber las razones que te llevaron inicialmente a construir tu casa al lado de Huaca Ventarrón.

IGNACIO ALVA: Muchas gracias Carlo, felicito de igual modo tu esfuerzo de difusión. Podría remontar la razón y motivación de vivir en el campo a mi infancia, marcada ocasionalmente e intermitentemente por estadías en los campamentos arqueológicos organizados por mis padres, como Salinas de Chao, Eten, Monte Grande, Purulen, recorridos de toda una vida entre templos y santuarios de una de las regiones más desarrolladas del Antiguo Perú.

CB: ¿Cómo así te interesaste por la arqueología? ¿Qué encuentras de especial en las culturas originarias de Lambayeque? ¿Cuáles serían los principales aportes de los estudios arqueológicos en este territorio a la arqueología e historia de nuestra región sudamericana?

IA: Obviamente la influencia de la trayectoria científica de mis padres fue la inspiración determinante, sentir que se debe contribuir a investigar para descifrar mostrar y proteger un gran legado, tomar la posta, poner hombro y buscar hombros fue la motivación que me impulsó y me anima. Sin embargo luego del colegio, tuve un tiempo de búsqueda, e intenté el camino del arte para líbrarme de la “sombra” profesional, que más bien resultó ser el árbol más alto y sombreado de la montaña.

Las culturas originarias de Lambayeque tuvieron el privilegio de ocupar uno de los territorios más estratégicos de los Andes, vinculado al abra donde la cordillera tiene la menor altitud en toda Sudamérica, permitiendo una integración cultural longeva en un vasto territorio; lo “especial” fue sacralizar la peculiaridad espacial de la región; en los orígenes aldeanos mediante parajes sagrados señalados con arte rupestre –petroglifos y pacchas–, y luego con la arquitectura ceremonial primigenia cuyo máximo exponente fue el centro ceremonial del Cerro Ventarrón.

El resultado de las investigaciones iniciadas por mis padres en esta región sumadas a las de otros investigadores y el hallazgo de Ventarrón permiten ahora una nueva lectura del territorio lambayecano, a la luz de su gravitación cultural como foco de una longeva tradición, que organizó el desarrollo de uno de los espacios más productivos e integrados de Sudamérica

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> Terrazas en Cerro Ventarrón. Fotografía: Ignacio Alva Meneses.

CB: Se han descubierto murales con relieves de más de 4,500 años de antiguedad en la plaza central, también un relieve mural polícromo se muestra una escena de caza de venados. El mural, asociado al fogón ceremonial, indica una muy probable ritualidad y un discurso mítico asociado a la cacería de cérvidos. Alfredo Narvaez (2012) menciona que el mural “constituye una alegoría específica a la relación entre el mundo salvaje que representa el venado y el espíritu de la cultura humana asociado al simbolismo de la red”. ¿Qué otras hipótesis existen sobre las funciones simbólicas de estos murales? ¿Los rituales en ese lugar específico podrían haber remitido al pasado inmemorial de las personas que construyeron y ocuparon el sitio?

IA: Existen varias fases constructivas superpuestas, en efecto existen relieves de la primera fase, de 4600 años de antigüedad, que representan peces y una zarigüeya, los que conformarían un primer discurso simbólico, vinculado a la dualidad marino terrestre, transferido del arte rupestre y que probablemente entronizaba a una autoridad matriarcal.

Fue durante la segunda fase cuando se plasmaron los murales policromos que representan cacería de venados con redes. Esta obra, considerada el mural más antiguo de las Américas, fue ejecutada sobre dos muros que enmarcan una banqueta corrida que era el trono principal del recinto que coronaba el templo; el trono estaba ocupado por cazadores de venados, de modo que la cacería ritual vinculaba el poder con el arquetipo cazador, representante del ancestro; la cacería se desarrollaba de manera cíclica, como “en el origen”, permitiendo renovación y ruptura del tiempo.

La observación de Narváez resulta más obvia aún si consideramos que la clave del desarrollo en esa etapa fue la industria algodonera para producción de redes; efectivamente, el símbolo es especifico en tanto muestra relación entre lo civilizado y lo salvaje, enarbolando la red como metáfora de la cultura material. El mural en el contexto del templo y la cultura se articula con el liderazgo y los ciclos del tiempo, de manera que su lectura se extiende a la organización de roles ceremoniales duales por la oposición complementaria del recinto con otros semejantes situados al pie de la plataforma, denotando además cambios en el modelo de la organización del poder si comparamos los iconos y las formas de la fase anterior. En la publicación de los resultados de mi investigación (2012) he tratado extensamente el simbolismo de los relieves y murales, reuniendo aportes y comparaciones que permiten interpretaciones más allá de lo explícito.

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> Mural en forma de media cruz andina, Huaca Ventarrón. Fuente: ANDINA.

CB: En el periodo Formativo de las culturas Cupisnique y Chavín, existen elementos en el material cultural arqueológico que nos remiten a una cosmovisión chamánica: el cactus trichocereus, animales de poder (jaguar, serpiente, águila, venado), sonajas y tambores, y relieves e infraestructuras con características duales y cuatripartitas; elementos que existen en las tradiciones del curanderismo norteño y amazónico hoy en día. ¿Piensas que en Cerro Ventarrón ocurrieron prácticas chamánicas? Der ser así, ¿Cuáles habrían sido las funciones chamánicas o “de mediación de los opuestos” (Burger 1992) en el sitio?

IA: Ordenando lo que entendemos por “practicas chamánicas”, se debe tener en cuenta que el chamanismo fue la primera forma conocimiento y eje de la organización cultural de los nómadas que poblaron América. Los sistemas chamánicos se fueron complejizando y especializando con el surgimiento del sedentarismo, templos y centros ceremoniales regionales; los jefes de la cacería, sacerdotes, oficiantes, señores ampliaron y/o especializaron las funciones de mediación y liderazgo que concentraban los chamanes primigenios. Sin embargo, los chamanes y las prácticas chamánicas seguían vigentes en cada comunidad y eran de dominio común y familiar. Con la colonia, destruido el poder religioso y político nativo, perviven las prácticas chamánicas, en la costa norte su arraigo denota la difusión que tenían en el pasado.

La escala y complejidad del centro ceremonial Ventarrón sugiere que la arquitectura estaba vinculada a la organización y ejercicio del poder político-religioso, mediante la división de parcialidades complementarias representadas por las formas opuestas de los recintos, el género de los líderes y sus roles ceremoniales. La mediación con los poderes del cosmos se realizaba en cada recinto mediante la incineración de ofrendas, que a modo de pago de reciprocidad con la naturaleza ascendían al cielo de donde procede la fecundidad, así los líderes ejercían sus funciones enmarcadas en el devenir cíclico del tiempo.

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> Mural de la deidad araña en Collud (período Formativo, contemporáneo a Chavín de Huántar), ubicado a un kilómetro de Cerro Ventarrón. Fotografía: Ignacio Alva Meneses.

CB: John Rick (2016) habla del uso de infraestructuras y estructuras rituales por una élite para manipular al resto de la población durante el Formativo. Siendo la manipulación la distorsión de la verdad y la justicia al servicio de intereses particulares, ¿esto podría haber pasado en Ventarrón? O, al contrario y en todo caso, ¿los rituales en el sitio servían a los intereses de la comunidad?

IA: Resulta crítico el enfoque teórico de Rick, propender que un centro ceremonial tan excelso como Chavín, síntesis de los aportes de un vasto territorio y una longeva tradición, sirvió para manipular a una población local, reduce repunte del uso de plantas sagradas del periodo Formativo a una mera artimaña conjugada con la sobrecogedora arquitectura. Por lo general, se confunde el uso de plantas sagradas como medio de manipulación cuando no se conocen o se conocen pobremente los efectos causados por esas plantas. Considerando lo longevo, generalizado y disponible que fue y es el uso de plantas sagradas en los Andes resulta difícil comprender posiciones como la de Rick. La edificación de los centros ceremoniales fue producto de un proceso gradual, estimulado por “emulación competitiva” (Renfrew y Bahn 1993) entre esferas culturales, que impulsaron la construcción de templos de altura vinculados al culto al agua; la espectacularidad de Chavín se equiparaba al valor simbólico del paraje que lo abriga. Las autoridades encaminaron la construcción a lo largo de generaciones como resultado de la convergencia de ideas, empoderando el esfuerzo de clanes regionales y estableciendo relaciones entre sus representantes y los poderes del cosmos; las elites anónimas reprodujeron cíclicamente los mitos que sustentaban la organización social.

Si bien no existen imágenes ni vestigios que indiquen el uso de plantas sagradas en el templo Huaca Ventarrón, la proliferación de recintos y estructuras denotan un modelo de poder no centralizado ni manipulador, sino más bien dividido en parcialidades y conciliador; resulta claro que esos ritos de reciprocidad, mediación y control de los ciclos del tiempo al servicio de la comunidad conformaron el sustrato ideológico que heredaron los Cupisnique y Chavín.

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> Banqueta semi circular y relieve de la zarigüeya (o Carachupa, Didelphis marsupialis) a la derecha, aprox. 4,600 AP, Huaca Ventarrón. Fotografía: ANDINA/Silvia Depaz.

CB: En el pasado, y aún hoy en día en nuestro país, los discursos arqueológicos han servido para la construcción y fortalecimiento de una identidad nacional. En las últimas décadas, los discursos arqueológicos también se han visto influenciados por intereses económicos (turismo) como en los casos de Caral, Sipán y Chanquillo. Esto, como todo, tiene su aspecto positivo y negativo. Desde la perspectiva de la ciencia arqueológica, en general, ¿cómo ves la influencia de los factores identitarios y económicos (turísticos) en el discurso arqueológico? En tu caso como profesional en Cerro Ventarrón, ¿sientes que a veces estos factores influencian tu labor científica?

IA: Definitivamente si es un proyecto financiado por el estado y tiene como objetivo la investigación para la puesta en valor, la investigación debe contribuir a las políticas de desarrollo que el ministerio cultura requiere. En delante de lograrse una articulación entre los ministerios de turismo y cultura, la exigencia de resultados que permitan viabilidad será mayor, sin duda esto fortalecerá los discursos de identidad y competencia regional. El turismo es positivo cuando ordena el territorio y beneficia la economía con oportunidades de trabajo a distintas escalas y sectores. Efectivamente mi trabajo está orientado a cumplir con los lineamientos de sostenibilidad impuestos por el estado, el aspecto positivo es que así se compromete cierta continuidad de la investigación; aunque no siempre se priorizan los proyectos de mayor relevancia, con el tiempo se consolidarán y mantendrán los sitios más significativos en el contexto de la narrativa histórica, la investigación y los circuitos educativos y turísticos.

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> Excavación de la escalera central del templo Collud, periodo Formativo. Fotografía: Ignacio Alva Meneses.

CB: ¿Cómo ves la situación respecto al financiamiento para investigación en el pasado en este contexto respecto a la presente? ¿Piensas que en el futuro esto cambiará? ¿Cuáles son las responsabilidades del profesional en arqueología en este sentido?

IA: Respecto a las décadas anteriores el estado muestra mayor interés por el financiamiento de investigación como fundamento de la puesta en valor de sitios arqueológicos, con la creación de la Unidad ejecutora Naylamp, el Ministerio de Cultura mantiene la inversión en investigación de los principales monumentos de Lambayeque, en ese sentido el proyecto Ventarrón cuenta aún con fondos para ampliación de investigación y puesta en valor, pero lamentablemente la capacidad del equipo técnico de los encargados de armar y ejecutar proyectos se ve rebasada por la cantidad trabajo que supone atender varios frentes y museos, tornándose el aspecto burocrático en la cadencia que retrasa el avance y mantiene relegados los resultados del proyecto. Espero que la descentralización del ministerio permita en un futuro cercano optimizar la inversión del estado y conseguir mayores resultados.

La responsabilidad de muchos arqueólogos se concentra en mendigar al estado la continuidad y mantenimiento de sus proyectos, cuando estos significan la salvaguarda de los significativos hallazgos. Tanto escatima el estado, acostumbrado al saqueo y desfalco, que paradójicamente el país que más patrimonio tiene es el que menos ha invertido; al menos se ha comenzado y la esperanza ahora es que se entienda que se necesita invertir con voluntad política orientada a superar el centralismo del desarrollo y la cultura.

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> Relieve de los peces opuestos, aprox. 4,600 AP, primera fase de la Huaca Ventarrón. Fuente: Proyecto Arqueológico Ventarrón – Collud.

Páginas Webs relacionadas:
Proyecto Especial Naylamp – Lambayeque Unidad Ejecutora Nr 005
Proyecto Arqueológico Ventarrón – Collud

Más sobre Ignacio Alva Meneses y Huaca Ventarrón:
Complejo Ventarrón sería el punto de partida de la civilización del antiguo Perú / Andina (Chiclayo, Junio 17 de 2014)

BIBLIOGRAFÍA

ALVA MENESES, Ignacio

2006a. «Cerro Ventarrón en la arqueología de Lambayeque». Diario La Industria, Lundero, publicación cultural [Chiclayo/Trujillo]. Año 28, nr 327, enero de 2006.

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2006c. «La Deidad Arácnida en la cultura Mochica». Diario La Industria, Lundero, publicación cultural [Chiclayo/Trujillo]. Año 28, nr 331, mayo de 2006.

2007. «Cumbemayo, en el centro del cosmos». Diario La Industria, Lundero, publicación cultural [Chiclayo/Trujillo]. año 28, nr 331, marzo de 2007.

2008. «Spiders and Spider Decapitators in Moche Iconography: Identification from the Contexts of Sipán, Antecedents and Symbolism». En: S. Bourget y K. L. Jones (eds.), The Art and Archaeology of the Moche: An Ancient Andean Society of the North Coast of Perú, 247-262, Pre-Columbian Studies: Art, History, Archaeology, Anthropology, University of Texas Press, Austin.

2008. «Los complejos de Cerro Ventarrón y Collud-Zarpán: del Precerámico al Formativo en el valle de Lambayeque». En: Boletín de Arqueología PUCP, Num. 12, pp. 97-117.

2012. Ventarrón y Collud. Origen y auge de la civilización en la costa norte del Perú. Chiclayo: Ministerio de Cultura del Perú.

NARVAEZ VARGAS, Alfredo
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<https://www.youtube.com/watch?v=OxankFhtvJA&gt;.

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2016. «Stanford archaeologist traces the origins of authority to the Andes of Peru». Stanford News. Fecha de consulta: 11/07/2016.
<http://news.stanford.edu/2016/04/25/stanford-archaeologist-traces-origins-authority-andes-peru/&gt;.