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Título
El imaginario de las drogas en los modernistas hispanoamericanos. Conciencia de separación y búsqueda de la unidad.

Autor
HERRERO GIL, Marta

Año
2012

Impresor
Madrid: Departamento de Filología Española IV, Facultad de Filología, Universidad Complutense de Madrid.

Referencia
HERRERO GIL, Marta
2012. El imaginario de las drogas en los modernistas hispanoamericanos. Conciencia de separación y búsqueda de la unidad. Tésis Doctoral para optar al grado de Doctor. Madrid: Departamento de Filología Española IV, Facultad de Filología, Universidad Complutense de Madrid.

Enlace de Descarga:
Fuente: UCM, aquí.

Sobre la tesis, introducción (extracto):

En Inglaterra y en Francia, los escritores empezaron a tomar drogas en sus exploraciones literarias a principios del siglo XIX, coincidiendo con el inicio de la experimentación química que dio como resultado, en Europa, el aislamiento de los alcaloides de algunas sustancias, y la entrada en contacto, fruto del Imperialismo, con culturas lejanas habituadas a tomar opio o hachís. El resultado fue el nacimiento de un tipo específico de literatura, la literatura drogada, denominada así por el historiador italiano Alberto Castoldi1, para quien esta noción se origina en la experiencia con drogas de un autor y en su voluntad y acción de expresar al mundo exterior las modificaciones que la sustancia ha producido en él. Habría además, otra literatura vinculada a las sustancias, pero provocada por la reflexión consciente del autor sobre ellas y la manifestación de una opinión.

Las dos grandes obras fundadoras de este tipo de literatura fueron Confesiones de un comedor de opio inglés, de Thomas De Quincey, publicada en la revista London Magazine en 1821 y en forma de libro en 1822, y Los paraísos artificiales, de Charles Baudelaire, de 1960, compuesta por dos artículos dedicados uno a los efectos y la moral del hachís y el otro a comentar el libro de De Quincey. Ambas se erigen a caballo entre el texto confesional y el intento de expresar objetivamente los efectos y la moral de la droga. Mientras tanto, el médico Moreau de Tours había conocido el hachís en Oriente e impulsado las reuniones de experimentación con la sustancia en el Hotel Pimodan de París, que dieron lugar al denominado “Club del Hachís”.

En Hispanoamérica, el modernismo representa el primer movimiento literario generado independientemente de la antigua metrópoli y, además, derivado de una pasión de los escritores por la literatura extranjera, en particular la francesa (simbolismo, parnasianismo, decadentismo). Los autores entran en contacto con las experiencias drogadas de sus genios admirados y, además, como escritores modernos, comparten inquietudes, neurosis y dramas vitales con éstos. Casi todos sueñan con París. Y algunos de ellos se aficionan a ciertas sustancias (Darío al alcohol, Herrera y Reissig a su necesaria morfina), las prueban ocasionalmente (Silva, Casal, Tablada, Palma), o leen, reflexionan y escriben sobre ellas (Martí, Gómez Carrillo, Gutiérrez Nájera, Lugones, etc). El resultado es un conjunto de poemas, artículos, relatos y textos ensayísticos en los que los escritores hispanoamericanos nos dejan ver su imaginario de las drogas. Así, José Martí escribe el poema “Haschisch” en 1875, primera obra drogada de la que tenemos noticia en la literatura hispanoamericana, Casal compone “La canción de la morfina”, Silva introduce al protagonista de De sobremesa en el consumo de distintos tipos de sustancias durante sus aventuras por París, Darío se deja esclavizar por el alcohol y reflexiona sobre la adicción y escribe además relatos alucinatorios relacionados con la toma de sustancias como “El humo de la pipa” y “Cuento de Pascuas”, Gómez Carrillo redacta su crónica “En una fumería de opio anamita”, y Herrera y Reissig, entre otros, nos deja ver sus experiencias drogadas en poemas como “La Torre de las Esfinges” y en relatos como “Aguas del Aqueronte”.