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ENTEÓGENOS, RITUALES CIENTÍFICOS Y LA SED DEL INFINITO
Una Entrevista con Jonathan Ott

Invitado especial del Primer Simposio Internacional de Anadenanthera
Por Carlo Brescia y Alejandro Camino Diez-Canseco

Jonathan es químico, etnobotánico y humanista a partes iguales, colaboró estrechamente con Robert Gordon Wasson desde 1974, luego con Albert Hofmann y Richard Evans Schultes, y su formación multidisciplinaria le ha convertido en uno de los pocos sabios absolutos del mundo en fármacos psicoactivos. Miembro de diversas asociaciones científicas, fue elegido Fellow de la afamada Linnean Society de Londres en 1985, y ha publicado numerosos artículos y libros sobre la materia. Tiene experiencia de investigación principalmente en México donde maneja un laboratorio y jardín botánico de plantas medicinales. Presentará en el evento «Enteobotánica y psiconáutica de Anadenanthera peregrina var. peregrina y de A. colubrina var. cebil».

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> Fotografía por Harrod Blank

Carlo Brescia: Me contaste que estuviste solo una vez en Perú, en Iquitos. ¿Cuándo y cuál fue el motivo de tu primera y única visita a Perú?
Jonathan Ott: Fue en verano de 1994, durante 5 o 6 semanas. Después de pasar por Lima, pasé toda la estancia en Iquitos y zonas cercanas. El motivo fue la investigación de pócimas de Banisteriopsis. Durante varias estancias en el jardín botánico Sacha Mama y junto con un chamán local, hicimos bioensayos psiconáuticos de varias especies de Psychotria, eg. huarmi chacruna, supay chacruna, etc.

CB: En tu segunda visita a Perú, visitarás Cusco por primera vez. ¿Qué sabes de la antigua capital del Imperio de los incas? ¿Y de sus plantas enteogénicas?
JO: He estudiado los relatos coloniales sobre la desastrosa conquista por parte de Francisco Pizarro y su banda de saqueadores y especialmente la excelente History of the Conquest of Perú de William H. Prescott. Por supuesto que he estudiado el libro comprensivo de William Mortimer, Perú. History of Coca: The «Divine Plant» of the Incas. Me impresionaron mucho las descripciones del reluciente Templo del Sol de Cusco, forrado en oro puro. Carezco de especial simpatía para los pueblos imperialistas (como los mexicas o aztecas, de Mesoamérica o el actual gobierno de mi propio país, Estados Unidos), aunque he encontrado fascinante la breve historia del imperio inca. Evidentemente, el enteógeno más prominente de los incas (por lo menos a partir del quinto Inca Roca) era la coca, Erythroxylum coca var. coca, aunque se nota una tendencia hacia un uso religioso (adivinación en base a «leer» las hojas tiradas) por parte de los sacerdotes y no propiamente visionario, como prevalece en el noroeste amazónico con el hayo. Queda por esclarecerse si el uso inca de la willka o semillas de Anadenanthera fue visionario/adivinatorio (como lo que sobrevive con hataj o cebíl entre los wichí o «mataco» del Gran Chaco) o mayormente purgativo/curativo. Obviamente el chamanismo sobrevivió al lado de la religión formal, con utilización típica de tabaco (Nicotiana spp.), posiblemente Datura, así como enteógenos endémicos a la región, como Trichocline.

CB: En Cusco, donde hay una tradición del uso de la hoja de coca (y una tradición etnohistórica de willka), en los últimos años llegan muchas personas del exterior a participar en ceremonias y/o consumo de plantas sin tradición local como la ayahuasca y la wachuma (San Pedro). ¿Qué sabes y piensas de este boom y de sus promotores?
JO: En general me opongo al turismo enteogénico, tan prominente en los casos de yajé/ayahuasca y San Pedro. Por otro lado, trátandose en estos casos específicos de adaptaciones coloniales y a menudo mestizos (y por tanto seudo-modernos) de enteógenos arcaicos—y no de la invasión de tierras indígenas a veces poco aculturadas—puede ser inofensivo y una valiosa fuente de ingresos para varios pueblos. Siempre y cuando no atente contra poblaciones y lugares prístinos o tradiciones inmemoriales, especialmente como otro aspecto más de turismo en ciudades ya dedicados a éste, me parece aceptable esta rama de «turismo de aventuras». Cabe mencionar que yo publiqué mi segundo libro (Teonanácatl: hongos enteogénicos de América del Norte) y mi libro sobre ayahuasca (Análogos de la ayahuasca: enteógenos pangeicos) específicamente para desalentar el turismo de hongos en México y de ayahuasca en la Amazonía. El interés de europeos, yanquis, japoneses y demás gente de ciudad, en enteógenos o embriagantes chamánicos es legítimo y positivo, aunque nosotros viajeros internacionales no tenemos derecho de contagiar pueblos rurales con enfermedades exóticas o un morbo exagerado de «drogas». Existe el riesgo de contribuir a destruir las tradiciones que uno ostensiblemente ama. Una motivación principal para mi trabajo divulgativo siempre ha sido dar acceso a los enteógenos a todo el mundo en la seguridad y comodidad de sus propios hogares, mediante técnicas caseras de cultivo de hongos psilocíbicos, tecnología para confeccionar «análogos de ayahuasca» (anahuasca) con hierbas legales, etc.

CB: Eres un autor muy prolífico con más de 18 libros publicados. ¿Cómo así empezaste a escribir? Cuéntanos un poco el contexto de cuando escribiste Shamanic Snuffs or Entheogenic Errhines. ¿Cuándo surgió la idea?
JO: Al comienzo en 1972, escribí principalmente sobre los hongos visionarios, enfoque de mis investigaciones universitarias. Mi primer libro (1976) lo escribí como parte del trabajo de investigación para titularme en química de productos naturales. Siempre estuve consciente de una gran laguna en la etnofarmacognosia: la etnobotánica y farmacología humana de los rapés chamánicos. El comienzo de la investigación moderna de la enteognosia o farmacognosia enteogénica (en NIH o Instituto Nacional de Salubridad de USA) giró en torno al rapé cohoba (Anadenanthera peregrina) de las Antillas y la teoría bioquímica de la actividad de ayahuasca se propuso originalmente para explicar la psicoactividad de los rapés triptamínicos. Así que siempre tenía en mente investigar este tema al fondo. Al terminar mi libro Análogos de la ayahuasca en 1994, me di cuenta que hacía falta un segundo tomo, que resultó ser Shamanic Snuffs or Entheogenic Errhines en 2001. Después de una reseña exhaustiva de los rapés chamánicos (principalmente de Suramérica y África, aunque también de otros continentes), me dediqué un verano intensivo a bioensayos psiconáuticos de la nicotina, 5-metoxi-DMT y la bufotenina (5-hidroxi-DMT), en apoyo a los tres capítulos principales, respectivamente sobre rapés de tabaco, Virola, y Anadenanthera.

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Mi trabajo de libros lo hago con InDesign, maquetando sobre la marcha. Casi todos mis libros son autoeditados y estoy bien entrenado y experimentado con paleografía/tipografía, aunque dejo el diseño gráfico a profesionales… encuentro que tener que atender sobre la marcha a minuciosidades de forma, ocupa la atención consciente, que suele interferir con la composición literaria. Sólo mis primeros tres libros fueron editados por terceros.

CB: Al intentar comprender una planta enteogénica, ¿Cómo podemos separar sus efectos objetivos de los subjetivos? ¿Puedes definir el concepto de psiconáutica de una planta?
JO: En algunos casos y a grandes rasgos, no tienen efectos «objetivos». El tema de interés, que explica su existencia como plantas económicas, trátase de los efectos «subjetivos», de la experiencia subjetiva humana de la ebriedad. La manera de proceder es clara: primero se familiariza uno con la forma natural/botánica del enteógeno en cuestión y se revisa en detalle la literatura farmacognóstica al respecto. Después se aísla y purifica los putativos principios activos, para poder controlar los bioensayos. Entonces se emplea como bioensayo el cuerpo propio (sólo vale el ser humano como sujeto y el único procedimiento ético es el autoensayo por parte del investigador mismo, el «bioensayo psiconáutico»). De acuerdo a la experiencia propia y a la literatura, se intenta modelar los embriagantes chamánicos documentados, mediante la ingesta controlada del (o de los) compuesto[s] puro[s]. En el caso de Anadenanthera: mediante bioensayos por vías intranasales, sublinguales, orales, intrarrectales y fumatorios de la bufotenina cristalina. Con cuidado y siempre en base a dosis bajas (la dosis umbral para efectos visionarios, un punto discernible de manera replicable) se puede identificar el principio visionario. Sólo después de establecer pautas de actividad y seguridad, se puede emplear voluntarios bien informados (ensayos «doble conscientes», no «doble ciegos») para verificar, validar y extender los resultados. Cuando el efecto permanece desconocido en el ser humano, es del todo falto de ética emplear a terceros como cobayas o conejillos de india. Por desgracia, en los primeros e inconclusos bioensayos humanos con bufotenina, utilizaron infelices prisioneros (Penal del Estado de Ohio) y «pacientes» (igual reos) en «hospitales mentales» en Nueva York y Argentina: por razones conocidas sólo a los principales, inyectaron bufotenina por vía intravenosa a aquellos prisioneros desgraciados… ¡sus rostros de pronto adoptaron un color «de berenjena» o «de ciruela»!

CB: ¿Cuál es tu postura respecto a la necesidad del ritual y de las funciones de las ideologías o cosmovisiones asociadas a las plantas?
JO: Para mí el ritual es muy importante (aunque obviamente no imprescindible)… tiende a fomentar la seriedad y conciencia alrededor de la ingesta. Por otro lado, un ritual tiene significado e importancia en la medida en que se derive del contexto cultural y social del consumidor: a mi juicio, no tiene más sentido imitar ciegamente un ritual ajeno (por muy «tradicional» que pretende ser), que celebrar misa en latín a unos indígenas nahuaparlantes en Mesoamérica circa 1520. En el caso de los bioensayos psiconáuticos como desglosado arriba, el ritual es científico y procede con la máxima seriedad y conciencia.

Alejandro Camino: ¿Cómo ves el futuro de los enteógenos en el desarrollo de nuestra especie? ¿Cuáles percibes que serán las tendencias en el futuro cercano?
JO: Los enteógenos son y siempre han sido herramientas multifacéticas (verdaderas navajas suizas didácticas) de aprendizaje, aunque sólo para los que quieren aprender y «tienen el valor de tragarlos» (para parafrasear las palabras de Baudelaire, respecto a la felicidad). Para la gran mayoría que no tiene gran «sed de lo infinito» (de nuevo Baudelaire), no hacen nada en absoluto. R. Gordon Wasson propuso en 1957 que operaban, en la fase protohumana del desarrollo de los homininos, como kairomonas (aleloquímicos—p. ej. feromonas—que confieren una ventaja adaptativa a la especie receptor)… es decir, como catalistas al desarrollo mental del eventual ser humano. De haber sido el caso, no me parece que operan como tal hoy en día, ni tampoco que se perfilan como especialmente importantes en nuestro desarrollo (o degeneración) como especie animal. Creo que continuarán estando de capital importancia educativa para la fracción minúscula de la población humana que los consume; aunque apenas visible para los demás.

AC: ¿Cómo ves el rol del establishment médico y de la industria farmacéutica con relación a las plantas psicoactivas? ¿Cuáles pueden ser la tendencias a futuro?
JO: La comunidad médica y científica ha concluido que las plantas visionarias carecen de mayor interés (no así algunas plantas psicoactivas, como la adormidera/morfina, Papaver somniferum, que permanece como fuente y/o modelo de los medicamentos analgésicos mayores; ni tampoco la coca/cocaína de Erythroxylum spp. que, pese al encontrarse suplantado como anestésico local en la odontología, conserva su rincón del vademécum entre los otorrinolaringólogos; la Cannabis va ganando cada vez más su merecido lugar en la farmacopea). Por supuesto esta posición es discutible y se deriva más de ignorancia y prejuicio que de falta de méritos científicos propios, aunque esto no altera el fallo científico. Por lo tanto y al margen de sendas excepciones como las enumeradas, las plantas visionarias no tienen importancia en la industria farmacéutica. No es sólo porque la industria rehuye de hierbas medicinales como tal (de uso tradicional inmemorial, en general no se pueden patentar), sino porque unas potentes drogas visionarias no encajan en el modelo económico vigente. Compuestos como MDMA (éxtasis) y ibogaína, aparte de no ser patentables, requieren de dosis muy altas (de un octavo de gramo hasta un gramo entero) y su uso medicinal perfilado sería de una sola, o de muy pocas dosis por paciente. Lo que buscan las multinacionales farmacéuticas son sustancias artificiales (y por tanto sintéticas… patentables) activas en dosis muy bajas, que de preferencia requieren múltiples dosis diarias durante años, si no de manera vitalicia. Piensa «antidepresivos» paliativos que no curan nada… no «drogas de maravilla» que curan con una sola dosis.

AC: ¿Qué piensas de los desarrollo de la llamada física multidimensional? ¿Crees que los enteógenos juegan un rol importante en el surgimiento de una nueva conciencia respecto a un universo multidimensional en el espacio y en el tiempo?
JO: Supongo que la pregunta se refiere a la hiperdimensionalidad, o sea, la física (o matemática) de dimensiones más allá de las clásicas cuatro dimensiones de tiempo-espacio. Somos animales, organismos, seres vivos, por los cuales el tiempo tiene flecha inflexible e inalterable. En el decurso limitado de nuestro período vital, forzosamente deambulamos dentro de las pautas de tres dimensiones del espacio. En mi experiencia, los enteógenos no alteran este destino en lo más mínimo. A lo mejor para algunos los enteógenos ayuden a imaginar una existencia hiperdimensional más allá de la Vía Láctea donde nos liberamos de la gravedad del espacio y el desgaste del tiempo: para mí no es así. Suena bien y se antoja, aunque con o sin enteógenos, no tengo manera de saber que yace más allá del horizonte de esta vida, o siquiera si hay algo en absoluto. Dudo que los enteógenos ayudarían a adelantar la física o la biología contemporánea, ¡aunque bien pueden ayudar a alguien a abarcar mentalmente una nueva física!

Octubre 2012

Más entrevistas y artículos sobre enteógenos de Jonathan en castellano en Internet:
Enteoadicción o triptaminomanía
Autocultivo para Sortear la prohibición – Una Entrevista con Jonathan Ott
Entrevista: Albert Hofmann con Jonathan Ott
Enteógenos y Culturas
– La Inquisición Farmacrática

Artículos sobre culturas de sostenibilidad de Jonathan en la revista Cañamo, aquí.

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PUBLICACIONES

1. Libros

A Conscientious Guide to Hallucinogens: A Comprehensive Guide to Hallucinogens, Natural and Synthetic, Found in North American and the World. Con Joe E Axton & Jeremy Bigwood (1975) Do It Now Foundation, Institute for Chemical Survival
Hallucinogenic Plants of North America (1976) ISBN 0-914728-16-4
Teonanacatl: Hallucinogenic Mushrooms of North America. Coeditó Jeremy Bigwood) (1978) ISBN 0-914842-32-3
LSD: My Problem Child (1980) McGraw-Hill Book Company ISBN 0-07-029325-2
The Cacahuatl Eater: Ruminations of an Unabashed Chocolate Addict. Natural Products Co. (1985) ISBN 0-9614234-1-2
Persephone’s Quest: Entheogens and the Origins of Religion. Con R. Gordon Wasson, Stella Kramrisch, & Carl A. P. Ruck (1986) ISBN 0-300-05266-9
The Sacred Mushroom Seeker: Essays for R. Gordon Wasson‎. Con R. Gordon Wasson, Thomas J. Riedlinger (1990)
Pharmacotheon: Entheogenic Drugs, Their Plant Sources and History (1993) ISBN 0-9614234-2-0 en línea
Ayahuasca Analogues: Pangaean Entheogens (1995) ISBN 0-9614234-4-7
Plant Intoxicants: a Classic Text on the Use of Mind-Altering Plants‎. Con Ernst Bibra and Jonathan Ott (1995) Nature
Age of Entheogens & the Angels’ Dictionary (1995) ISBN 0-9614234-6-3
Pharmacophilia: The Natural Paradise (1997) ISBN 1-888755-00-8
Pharmacotheon: Entheogenic Drugs, Their Plant Sources and History. Con Albert Hofmann. 2ª edición revisada de Natural Products Co. (1997) 640 pp. ISBN 0961423498
Shamanic Snuffs or Entheogenic Errhines (2001), ISBN 1-888755-02-4
Ometochtzin: Las Muertes de Dos Conejos (2001)
Drugs of the Dreaming: Oneirogens: Salvia Divinorum and Other Dream-Enhancing Plants with Gianluca Toro and Benjamin Thomas (2007) Body, Mind & Spirit
The Road to Eleusis (2008) By R. Gordon Wasson, Albert Hofmann, Carl A. P. Ruck, Huston Smith (contributor)

2. Artículos en inglés

Ethnopharmacognosy and Human Pharmacology of Salvia divinorum and Salvinorin A (1995)
Pharmahuasca: On Phenethylamines and Potentiation (1996)
Pharmahuasca, Anahuasca and Vinho da Jurema: Human Pharmacology of Oral DMT Plus Harmine (1997)
The Delphic Bee: Bees and Toxic Honeys as Pointers to Psychoactive and Other Medicinal Plants – Economic Botany (1998)
Applied Psychonautics: Ayahuasca to Pharmahuasca to Anahuasca (2001)
– Pharmanopo-Psychonautics: Human Intranasal, Sublingual, Intrarectal, Pulmonary and Oral Pharmacology of Bufotenine (2001)
Jonathan Ott’s victim of arson, signed copies of Albert Hofmann books used to start fire (2010)