Etiquetas

, , ,

Nombres comunes:
Laqatu (Quechua Central), Churu (Quechua Norteño/Sureño), Ch’uru (Aymara), Kugku (Awajun)

Nombre científico:
Scutalus sp.

 photo 12948813_zpsaa77e55d.jpg

> Scutalus proteus en Cerro Campana cerca de Trujillo (La Libertad). Fotografía: Ignacio Alva Meneses.

El caracol sagrado y su espiral nos remiten a la fuerza vital, al viaje de adentro hacia afuera y al de afuera hacia adentro, al agua y la fertilidad, al útero y la madre, al enlace de lo terreno con lo cósmico, y al acto de hilar, de tejer la vida, de unir las partes, de integrar los opuestos, de restaurar el gran manto de la comunidad, la naturaleza y el ser conectando la existencia en todas sus dimensiones.

ANTECEDENTES ARQUEOLÓGICOS

Dentro del registro arqueológico, se ha identificado la presencia de la concha de caracoles terrestres (nombre científico: scutalus sp.) asociados a sitios como Caral (norte de Lima, distrito de Barranca), Punkurí (costa norte de Áncash, distrito de Nepeña) y Monte Grande (costa norte de La Libertad, distrito de Ascope). También, en la cultura moche se han identificado cerámicas con representaciones de estos caracoles e incluso escenas de recolección de los mismos y hasta deificaciones (Golte 1985; Bourget 1990).

 photo caracoldeificado_zpsebe8de2a.jpg

> Personaje con tocado de lechuza, colmillos y aretes de serpiente. Su espalda sale de un caparazón de caracol terrestre y se encuentra en actitud de adoración. Fuente: Golte (1985).

En Caral, “se han hallado ofrendas compuestas por numerosos caracoles de loma (Scutalus proteus), que viven en parajes desérticos, en asociación con el cactus San Pedro (Trichocereus pachanoi), conocido por sus propiedades alucinógenas y por ser consumido tradicionalmente durante los rituales religiosos.” (Shady ¿?).

En Cupisnique/Monte Grande, Elera (1994) describe que “las laderas y cumbre del Cerro Sapo (2000 metros de altura), climáticamente son más húmedas con presencia de jagüeys – especiales espejos de agua con peces- junto a vegetación en la que destacan cactáceas como el San Pedro (Trichocereus pachanoi), el cactus gigantón, que sirve de lugar de residencia y alimentación a caracoles terrestres (Scutalus sp.)“. Asimismo, en el sitio arqueológico Monte Grande al excavarse un fogón por Elera para identificar su contenido “se procedió, a través del método de flotación, a separar una interesante muestra de material inorgánico y orgánico, en gran parte carbonizado. Entre los elementos orgánicos documentados destacan los caracoles terrestres …“.

En Punkurí, Falcón (2009) cuenta que en el entierro-ofrenda que excavó Tello en las primeras décadas del siglo XX se encontraron sesenta caracoles de lomas (Scutalus proteus) “a los costados y alrededor de los hombros” del cuerpo y muchas cuentas de turquesas y otras piedras, principalmente alrededor de la cintura … Los caracoles Scutalus proteus estaban perforados y entre éstos se encontraron “cinco cuentas triangulares de dientes aserrados“.

De acuerdo a la evidencia anterior, las culturas de la costa han recolectado esta especie  para usos aparentemente rituales (en contextos funerarios y de ofrenda) y ornamentales (perforados y como parte de un collar) asumiendo un periodo de utilización que va desde los 3000 a.C. (cultura Caral) hasta los 700 d.C. (cultura Moche) en la costa norte, incluyendo su uso en Cupisnique, cultura asociada a Chavín de Huántar (Horizonte Temprano).

 photo 859a29e1-0ba5-4b37-bd5b-efcab13d4f3d_zpse1b6cfdb.png

> Scutalus mariopenai alimentándose de un cactus. Fuente: Wikipedia.

¿CARACOLES PSICOTRÓPICOS?

De acuerdo a información etnográfica que Elera recoge en 1970, este afirma:

… dicho molusco es consumido por campesinos tradicionales del valle de Virú durante la estación de lomas. Algunos pobladores del valle medio del Jequetepeque también los consumen. En realidad, estos moluscos presentan una particularidad biológica singular, pues, al consumirse, se experimentan estados alterados de consciencia que conllevan a experimentar trances asociados a alucinaciones por lo que consideramos que su consumo, bajo una connotación dual, reflejaría, por un lado, una esfera de consumo alimenticio estrictamente profano, cuando los caracoles se purgan con maíz (teniendo como referencia la información etnográfica). De otro lado, cuando éstos son consumidos directamente, sin purgarlos, es cuando se experimentan los estados alterados de consciencia, los mismos que estarían ligados a una esfera sagrada de consumo. Es así que, la simbiosis cactácea-caracol terrestre, así como el consumo-alucinación que produce este molusco (Elera, observaciones personales 1980) debió jugar un rol significativo en el ritual de los pobladores tempranos de Monte Grande. Dicha percepción sagrada de la cactácea-caracol terrestre y el ambiente ecológico donde se desarrolla se apreciará, más tarde, modelada en cerámica. Así también se verá cómo estos caracoles terrestres han sido encontrados asociados a contextos funerarios Cupisnique Medio o Clásico. En la iconografía de la cerámica Moche es posible distinguir la recolección así como atributos especiales que tuvo este caracol sagrado (Bourget 1990). Una razón por la cual este molusco tiene principios psicoactivos al ser ingerido es por su alimentación. Este vive y se alimenta de la corteza de la cactácea gigantón, la misma que, al igual que el San Pedro, presenta mescalina como uno de sus componentes químicos… (Elera 1994: 234-235).

Bourget menciona que ‘colegas arqueólogos de Lima’ han consumido los caracoles en sopa (‘una o dos cucharadas’) y fritos en un poco de aceite, obteniéndose una “sensación de ligereza, mareos y una deformación visual de la perspectiva circundante” (Bourget 1990: 47). No obstante, como afirma Bourget, aún no se han hecho a la fecha estudios de carácter botánico, etnográfico, farmacológico y químico sobre estos caracoles por lo que los testimonios mencionados carecen de la rigurosidad necesaria y pueden ser producto de la auto-sugestión.

 photo ML002134a_zps47285196.jpg

> Escena Principal de recolección de caracoles terrestres descrita en el párrafo abajo. Fuente: Catálogo del Museo Larco.

A pesar de la falta de estudios críticos -como por ejemplo análisis bioarqueológicos para determinar la presencia de mescalina en la concha del caracol terrestre-, la idea se ha difundido y es usada actualmente en interpretaciones del material cultural prehistórico encontrado. Aquí una descripción del Museo Larco sobre la pieza en la imagen arriba: “Botella gollete asa estribo escultórica representando personajes recolectando caracoles terrestres (Scutalus sp.) en canastas en las lomas costeras. Los personajes llevan tocado, orejeras tubulares, pintura facial y corporal, y usan capa, túnica y cinturón. Representación de paisaje de montañas costeras o lomas, y cactus. En esta botella escultórica de cerámica se representa una escena de recolección de caracoles terrestres que viven en las lomas de la costa norte del Perú (Scutalus sp.) y que eran requeridos para los rituales de consumo. Estos caracoles se alimentan entre otras plantas, del cactus de San Pedro u otros que contienen mescalina, por lo que se convierten en especies psicoativas, que al ser consumidas por el ser humano, generan alteración de los estados de consciencia. En esta escena se puede ver a los personajes recolectando caracoles usando unas varillas; llevan pequeñas canastas donde colocarán los caracoles.

Si bien existen representaciones de recolección de los caracoles en cerámicas Moche, no se conocen representaciones de consumo ritual.

Dado que cada caracol consume una pequeña parte del cactus este en teoría debería poseer en su cuerpo una pequeña cantidad de mescalina. Por otro lado, al ser el caracol terrestre un consumidor primario del cactus es posible que por el proceso de bioacumulación que ocurre en la cadena trófica este pueda tener una mayor acumulación del alcaloide que el que se hallaría en la sección de cactus en donde se alimentó por un periodo. Esto debe ser comprobado a través de análisis bioquímicos.

Si se puede determinar la presencia de mescalina a través de un análisis bioarqueológico de una muestra de las conchas del scutalus halladas en sitios arqueológicos, se podría sugerir de manera más sólida el consumo ritual de los mismos. En paralelo, se deberían criar caracoles alimentándolos con cactus para verificar la acumulación del psicotrópico a través de la cadena trófica. Finalmente, se debería determinar la cantidad de caracoles requerida a través de auto ensayos necesaria para una experiencia enteogénica.

No obstante, es muy probable que para un uso más eficiente y responsable, y menos depredatorio, tanto del caracol y del cactus, la mejor forma de obtener pociones enteogénicas a partir de la mescalina generada en forma natural se logre a partir del cultivo del cactus.

 photo recolecta_zps9bf4b4ec.jpg

> Fuente: Bourget (1990).

ENCUENTRO CON UN CARACOL SAGRADO

Durante una exploración botánica en una quebrada de la sierra de Áncash a 2600 metros llevada a cabo en el mes de enero de 2015, nos encontramos con un brazo caído del cactus Trichocereus pachanoi en uno de cuyos lados pudimos ver un caracol terrestre. Había horadado la superficie del cactus en forma esférica con una profundidad de unos 4 centímetros y al parecer era su residencia temporal. Este agujero era claramente diferente a otros agujeros que se encuentran en los cactus generados por un golpe generado por la naturaleza o el hombre.

 photo de6ddeab-feb6-4b80-8b6d-bc63b65687f4_zps8c1c7a1b.png > Caracol terrestre alimentándose de un cactus trichocereus. Fotograma 1 de la filmación realizada en la sierra de Áncash a 2600 metros sobre el nivel del mar.

 photo 2101b854-4aae-4799-8343-88a63c655537_zpsf7577688.png > Fotograma 2.

Un dato curioso fue que en la misma sección horadada por el caracol terrestre, se encontró una pequeña araña que al parecer convivía con el caracol. Es común ver a estos arácnidos tejiendo sus telarañas en las espinas de los cactus estableciendo una relación simbiótica con los mismos.

Intentamos identificar la especie de caracol terrestre como un scutalus tupacii por el color, la superficie lisa y las líneas continuas en la concha paralelas al eje. Descartamos la posibilidad de que haya sido un scutalus proteus (ornamentaciones granulares en la concha), scutalus mariopenai (labios grandes), scutalus prostifer / scutalus mutabilis (líneas perpendiculares al eje) y scutalus callaoensis (lineas no continuas).

Se tomaron fotografías y se grabó un video.

 photo IMG_1639_zpse486a1a5.jpg

> Cactus Trichocereus Pachanoi, también llamado wachuma en quechua o Huachuma/San Pedro en castellano. El caracol scutalus se alimenta de esta cactácea. Fotografía: Joel Sánchez Pachas

SIMBOLISMO DEL CARACOL EN EL MUNDO ANDINO

Este pequeño animal es rico en simbolismos a nivel universal siendo una de sus características más notables la forma espiralada de su concha. La imagen de la espiral en el mundo andino la encontramos por ejemplo en una roca en Caral, en el dije de la Dama de Pacopampa, en la cola del mono de las líneas de Nazca, y en los pozos Moche (Cao) y Nazca (Cantalloc) que abastecen el desierto con agua de los acuíferos. Asimismo, vemos el ícono de la espiral decorando cerámicas, muros de adobe y textiles en muchas de las culturas originarias de América.

La espiral tienen un punto central y un desarrollo lineal desde el centro hacia afuera. Es posible concebir que simboliza una trayectoria desde el centro hacia afuera y desde afuera hacia adentro. Este movimiento puede implicar transformación, progreso y evolución de una manera sólida, holística y equilibrada. Por lo mismo, muchas culturas en la antigüedad asociaron la espiral a lo femenino, al útero, a la fuerza vital, al ciclo de la vida, al nacimiento y a la muerte. En los Andes, la espiral también está asociada a la función de tejer a través del uso de la pushka, compuesta por un huso y un pirulo (cuenta de piedra, madera que sirve de contrapeso y/o tope), que se hace girar y el hilo de algodón o lana se va acumulando en forma espiralada alrededor.

 photo estela_zps2b4q9hqw.jpg

> Estela de Pacopampa con la representación de una mujer que lleva un dije en forma de espiral en el cuello. La hipótesis más generalizada es que representa a la mujer encontrada en una tumba del 900 a.C. en el sitio arqueológico de Pacopampa. Fuente: Museo Larco.

La espiral también la encontramos en el desierto norteño en forma de turbulentos remolinos de viento que levantan tierra, restos de flora e incluso techos. La espiral entonces se asocia también al viento, al igual que se asocia al espíritu del cactus trichocereus de acuerdo a las investigaciones etnográficas de antropólogos como Mario Polia (1996) en la sierra de Piura. En las ceremonias de la mesa norteña en donde se utiliza el cactus San Pedro o wachuma, al viento se lo llama para que cure a los pacientes. El viento es medicina por lo que también la espiral se puede asociar a la sanación. Por ejemplo, Peter Levine (1997) utiliza las metáforas de ‘espiral de trauma’ y ‘espiral de sanación’ para el tratamiento somático de traumas.

Por otro lado, los caracoles terrestres para poder trasladarse y sostenerse requieren de un ecosistema húmedo. En un ambiente seco buscarán la hibernación cubriendo su cuerpo de un moco para protegerse y alimentándose de la grasa almacenada en el cuerpo. Por lo mismo, los caracoles se asocian al agua, y en consecuencia a la fertilidad, a lo femenino y a la generación de la vida. Este simbolismo se refuerza si recordamos que los caracoles prefieren la sombra, la oscuridad y la noche para trasladarse.

Finalmente, si tomamos en cuenta que el mundo de arriba, el Hanan Patsa, está lleno de objetos astronómicos en forma de espiral e incluso uno de ellos observable a simple vista -la galaxia de Andrómeda- el caracol también nos puede remitir a lo cósmico, al entroncamiento de la existencia en la tierra con lo cósmico.

Carlo Brescia
Huaraz, Enero 2015.

 photo 24766_110286145676648_8225566_n_zpssnodnrbq.jpg
> Ana Cecilia Moreno danzando con una pushka, instrumento utilizado en los Andes para hilar el algodón o la lana en forma espiralada alrededor del piruro. Obra: “Tejer, tejerse me tejen” – Atempo Danza. Créditos Fotografía: Steve Camargo.

 photo 007653300_zpshz4kdv51.jpg
> Pozos en espiral en Cantalloc, Cultura Nazca, Región Ica. Fuente: Ministerio de Cultura Perú.

 photo 10700494_10205054669030051_1780090328508892515_o_zps13iluxu5.jpg
> Geoglifo Triple espiral, Quebrada Santo Domingo (actualmente en peligro), 24 octubre 2014. El Complejo arqueológico “Quebrada Santo Domingo” está ubicado en la margen izquierda del Valle Moche, en la jurisdicción del Distrito Laredo, Provincia de Trujillo, Región La Libertad. Fotografía: Jose Carlos Orrillo.

 photo photograph-of-the-intricate-carvings-on-the-lanzon-stela-depicting-the-principal-deity-of-chavin-building-b_zpsmtqaram4.jpg
> Espirales en la Gran Huanca, comúnmente llamado Lanzón Monolítico. Fuente: Cyark Chavin.

AGRADECIMIENTOS

A Julio César Gonzales, Joel Sánchez, Andrea Flozu, Cinthya Rous, Diego Alva, Wenceslao Rosario, Jesed Mateo, Mayra Villavicencio, Álvaro Olivera, Ana Cecilia Moreno, Ignacio Alva Meneses, Jose Carlos Orrillo, Javier Echeverría y al Museo LarcoTomate-Colectivo, Cine El Centro y El Maizal por sus contribuciones todas y al desarrollo de este texto y las fotos.

SOBRE LA OBRA “TEJER, TEJERSE, ME TEJEN”

Obra de danza contemporánea
Compañia Atempo Danza
Creación e interpretación por Ana Cecilia Moreno
Cochabamba, Bolivia.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

– La Fauna Sagrada de Chavín: El Águila Harpía
– La Fauna Sagrada de Chavín: La Anaconda
– La Fauna Sagrada de Chavín: El Jaguar
– Análisis Químico de Restos Bioarqueológicos: Una Entrevista con el Dr. Javier Echeverría

REFERENCIAS

BOURGET, Steve.
1990. «Caracoles sagrados en la iconografía moche». En: Gaceta Arqueológica Andina, vol. 5, pp. 45-58.

BREURE, A.S.H. & V. MOGOLLÓN.
2010. «Well-known and little-known: miscellaneous notes on Peruvian Orthalicidae (Gastropoda, Stylommatophora)». En: Zoologische Mededelingen Leiden 84: 15-34.

CUEZZO, María Gabriela.
1993. Annual gonadal cycle of the land snail Scutalus tupacii (Pulmonata: Bulimulidae). En: American Malacological Bulletin, Vol. 10(2): 121-127.

ELERA, Carlos.
1994. «El complejo cultural Cupisnique: antecedentes y desarrollo de la ideología religiosa». En: L. Millones & Y. Onuki (eds.). El Mundo Ceremonial Andino, Editorial Horizonte. Lima, pp. 225-252.

FALCÓN HUAYTA, Víctor.
2009. «Reconstrucción del entierro-ofrenda de Punkurí. Valle de Nepeña, costa norcentral del Perú». En: Arqueología del Perú. Fecha de consulta: 12/01/2015. <http://www.arqueologiadelperu.com.ar/entierropunkuri.htm>. Publicado originalmente en inglés en: Andean Past, N° 9 (2009): 109-129. Latin American Studies Program. Ithaca: Cornell University.

GOLTE, Jürgen.
1985. «Los recolectores de caracoles en la cultura Moche (Perú)». En: Indiana 10:355-369.

LEVINE, Peter
1997. Waking the Tiger: Healing Trauma. Berkeley: North Atlantic Books.

MUSEO LARCO
2015. Botella Gollete Asa Estribo Escultórica – Código de Catalogación ML002134. Fecha de consulta: 12/01/2015. <http://www.museolarco.org/catalogo/ficha.php?id=2134>.

POLIA MECONI, Mario
1996. «“Despierta, remedio, cuenta…”: adivinos y médicos del Ande», Tomos I y II. Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú / Instituto Italiano de Cultura.

RÄTSCH, Christian.
2005 [1998]. The Encyclopedia of Psychoactive Plants: Ethnopharmacology and Its Applications. Fecha de consulta: 12/01/2015. <https://archive.org/details/TheEncyclopediaOfPsychoactivePlants>.

SAMORINI, Giorgio.
2015. «Chiocciole e San Pedro». En: Studio nel campo fenomenologico delle droghe psicoattive. Fecha de consulta: 12/01/2015. <http://samorini.it/site/archeologia/americhe/archeologia-san-pedro/chiocciole/>.

WIKIPEDIA
2015. Scutalus. Fecha de consulta: 12/01/2015. <https://es.wikipedia.org/wiki/Scutalus>.