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Entrevista publicada en la revista

CULTURAS SOSTENIBLES DESDE LA PERIPHERIA

Edición Mayo 2014, Año 5, Nr 15

Huaraz, Perú

Por Carlo Brescia

En el 2001 María Eggers Lan junto a su esposo Armando Dilon, con el asesoramiento del arqueólogo Rex González, desarrollaron una serie de murales sobre algunas culturas originarias del norte de Argentina, Bolivia y Perú. Estos murales se pueden apreciar en la Estación Los Incas del subterráneo de Buenos Aires.

María Eggers Lan es muralista, pintora, a veces escultora. Reside en Buenos Aires. Trabaja en espacios públicos, y en su taller. Es docente capacitadora en su área en Educación en la Provincia de Buenos Aires, y dirige un taller de mural en el Municipio de Morón. “Continuamente, construyo caminos a través de las imágenes para decodificar, comprender y habilitar los lenguajes visuales de nuestras culturas antiguas, y a través de ellas, con su fuerza simbólica y claridad iconográfica, armar nuevos sentidos, que sean necesarios, que transmitan una lucha y un compromiso junto a los que trabajan por una sociedad más justa”.

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CARLO BRESCIA: ¿Cómo así nació tu interés por el arte de las culturas originarias y su representación? Aparte de los murales, ¿qué otras obras/exposiciones has trabajado inspirado en las culturas originarias de las Américas?

MARÍA EGGERS LAN: Guillermo Magrassi, fue quien habló, nos habló a un gran grupo de estudiantes en la Escuela Superior de Artes, Ernesto de la Carcova, del arte y el valor estético y simbólico de las culturas originarias de América , America Latina. (fue una cátedra que dio junto a Florencia Kush, y a instancias de un compañero del centro de estudiantes, Andres Bestard). Guillermo tenía una pasión y un gran amor por las culturas originarias. El se desprendió de todos sus saberes y nos los entregó como un legado. Luego a través de Florencia conocí al Dr. Rex González.

Toda mi obra pictórica, toda mi búsqueda en la imagen está íntimamente ligada a las culturas originarias. Desde que terminé los murales de la estación del tren Subterráneo Los Incas, quedé “pegada” a la representación de la mujer de la Cultura Candelaria, cultura antigua, de principios de nuestra era, en la región del noroeste argentino. Es una imagen femenina que aparece en pequeñas vasijas, y que siento, es maravillosa. Las miradas de mis personajes, son de la cultura Sunchiyutoc, de Santiago del Estero.

Expongo en Centros Culturales amplios y con mucho espacio, ya que mi obra es muy grande y numerosa. He expuesto también en la calle y en espacios nada convencionales. Mi obra pictórica está realizada en grandes telones que se enrollan para facilitar el transporte y para que sea posible colgarlos en cualquier lugar. No me gusta que sean delicados.

Realicé una serie “con los ojos abiertos”, dedicada al arte por la denuncia: la época de dictadura cívico-militar de Argentina, el ataque en Irak en 2004, y desde 2007 a 2010 hice una serie sobre “la mujer de la trata”, dedicada a Marita Verón que aún continua desaparecida.

Actualmente estoy trabajando en Proyecto Huellas, un trabajo multidisciplinario, junto a Ladys González y un equipo de 25 personas entre bailarines, músicos y plásticos, y constantemente estoy elaborando imágenes para profundizar nuestro proyecto que tiene que ver con la apropiación de Clara Anahí, niña secuestrada por el terrorismo de Estado y nunca devuelta a su abuela Chicha Mariani.

C: ¿Por qué crees tú que la academia o la crítica históricamente y en general han subestimado la expresión artística de las culturas originarias?

M: Rex González y Guillermo Magrassi nos transmitieron un mensaje contundente: el arte de las culturas antiguas de America es nuestro, de nuestro territorio y podemos elegir estudiar su iconografía, sus formas y composiciones, y reinventar un método de creación y de aprendizaje de las artes visuales a partir de ellas. Los que dicen que no se pueden reinterpretar, que no se pueden intervenir si no pertenecés a esa cultura, en realidad lo que están diciendo es “dejémoslas enterradas que nos iremos olvidando de ellas”. ¿Qué dicen los críticos de arte (al menos en Argentina)? Que uno es “americanista”, y lo dicen en un sentido despectivo, como quien se ha quedado en el pasado. Ellos se sienten seguros en la mirada colonizada, la que viene de Europa y Estados Unidos. Yo no reniego de la mirada occidental, pero no creo que sea la única válida. Trabajo en mi obra desde todas las formas de construir la imagen que conozco y que me brinde herramientas y riqueza en el lenguaje creativo.

C: ¿Puedes contarnos sobre el arqueólogo y antropólogo Rex González? ¿Cómo fue trabajar y estudiar con él?

M: Para comenzar, me gustaría transcribir un escrito de él mismo:

“Pensamos en el día en que el conocimiento de nuestro arte precolombino llegue a nuestro pueblo a través de las enseñanzas de la escuela primaria, con todo su mensaje y el pleno vigor de su contenido; que sea conocimiento común que hacia los comienzos de la era cristiana los escultores de los remotos valles del oeste eran capaces de tallar la piedra o de fundir el metal en obras que podrían enorgullecer a cualquier artista contemporáneo o figurar con honra en cualquier muestra actual de arte. Recuperar y valorar de esta manera el pasado tiene, creemos, una indiscutible proyección actual en la cultura argentina. […] No sólo incorporaremos algo que permanentemente hemos ignorado –de espaldas a los Andes y a América– sino también algo que está directamente relacionado con buena parte de nuestro pueblo. La indiferencia, el desconocimiento, cuando no el juicio despectivo a la herencia de América autóctona y mestiza cambiaría de signo.

1998. Arte Precolombino en la Argentina. Ed. Valero.

Rex González es para mí el primer historiador del arte antiguo argentino: una mirada con gran conocimiento, analítica, sensible, con asombro y respeto, y muchísimo compromiso con la estética de las culturas originarias de América. Seguramente tuvo mucho que ver en su forma de ver y entender esta estética, su esposa Ana Montes, que era artista plástica y elaboró con él libros sobre el Arte del Noroeste Argentino.

Armando Dilon y yo, sentimos mucha responsabilidad cuando nos otorgaron la realización de los murales de la Estación Los Incas. Teníamos que trabajar con culturas como Tiahuanaco y Chavín, y temíamos cometer errores. Le pedimos a Rex González que nos asesore en las imágenes. De entrada nos dijo: ustedes son los artistas, yo les ofrezco material visual. Nos hizo fotocopiar varios libros que él tenía, nos regaló algunos, nos recomendó otros. Le llevamos por tandas los bocetos, y siempre se quedaba mirando atentamente y decía: “Qué gran obra que estos murales contemporáneos hablen de nuestras culturas originarias. Gran obra de difusión, adelante…” Su palabra autorizada nos permitía seguir en el trabajo.

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C: ¿Cómo abordaste el trabajo del mural sobre la cultura Chavín de Huántar?

M: Me costaba abordar la imagen del cóndor, digo la imagen Chavín del cóndor. Dibujaba y aislaba los elementos simbólicos, como mandíbulas, fauces, y demás iconografía fácilmente reconocible, y sin embargo no podía “apropiarme” de la imagen para poder retrabajarla. Entonces decidí ir al cóndor real, y allí empezaron a aparecer, uno a uno, cada recodo de la imagen Chavín tal cual ellos la representaban. Recién entonces pude empezar a disfrutar el dibujo.

En el centro, recurrí a Ollín, de iconografía tolteca, símbolo generador del movimiento y de la renovación, de la purificación y de la unidad de la vida. Pensé en nuestro Cóndor, en un Universo equilibrado y renovado donde el hombre busque conectarse con la naturaleza. En Sudamérica, las dictaduras quisieron apropiarse del símbolo del cóndor para sembrar terror. El cóndor de Chavín en esta obra nos habla de ser conscientes, y de una elevación espiritual de los seres humanos conectados con el cosmos.

Otra situación que me ocurrió, fue hace pocos días, cuando se inauguró un mural que realicé -ayudada por un equipo de discípulos y la participación de escuelas- dedicado a una Madre de Plaza de Mayo, de aquí, de la zona en que vivo, Morón. Delicia Córdoba de Mopardo era esta Madre. Tenía que hacerle un retrato, pero tenía el compromiso de ser ella muy conocida y querida por toda la gente de Organismos de Derechos Humanos de aquí. Busqué en su historia personal, y vi que era de una comunidad antigua del noroeste argentino. Para abreviar, busqué la manera de dibujarla a través de diseños de Chavín y Olmeca, conjuntamente con una representación de rostro de culturas antiguas del noroeste argentino. Todos decían: es ella, está igual…

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C: ¿Cuáles son tus próximos proyectos? ¿Qué te gustaría ver respecto a las expresiones plásticas y las culturas originarias?

M: Me encantaría conocer e intercambiar con artistas bolivianos y peruanos que estén involucrados en la estética de culturas originarias. Inmediatamente estoy en la tarea de terminar de leer un libro maravilloso de Colombres, (argentino), que habla de una Teoría de Estética Transcultural, y le siguen 2 libros de Ticio Escobar, (paraguayo) uno, donde realiza un estudio muy profundo sobre un ritual de los Chamacocos, y otro que va en el mismo sentido de Colombres, hacia una estética transcultural. Luego, participar en la realización de un libro para enseñanza de arte en secundaria, donde quiero que la estética de las culturas americanas tenga un espacio de análisis y estudio.

Me gustaría que las artes plásticas tengan una mirada más universal, más vital, menos cómoda, menos egoísta, con más compromiso humano. Me gustaría que a través de la representación encontremos caminos de comunicación y entendimiento entre los pueblos latinoamericanos.

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> Nuestros Hijos

Oleo sobre tela, 220 x 150 cm

Página Web de María: www.mariaeggerslan.com.ar

Sobre los Murales en la Estación Los Incas en Buenos aires aquí.