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Artículo y Fotos Por Evgenia Fotiou
PhD en Antropología y Estudios Latino Americanos

Artículo publicado en la revista
DESARROLLO, TURISMO Y CULTURA DESDE LA PERIPHERIA
Edición Junio 2008
Huaraz, Perú

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Cuando visitas Iquitos es casi imposible no escuchar acerca de la Ayahuasca, generalmente con una generosa dosis de hipérboles. En los últimos años, en forma especial, luego de la primera Conferencia de Chamanismo Amazónico de 2005, cientos de personas llegan a Iquitos durante los meses de verano en busca de esta planta sagrada para muchas poblaciones nativas de la Amazonía. En estos últimos años, también aparece muchas veces en los medios populares. La Ayahuasca, como todos los psicoactivos de origen vegetal, es percibida con gran ambivalencia en occidente. Es vista como una poderosa medicina y una panacea, o también como un alucinógeno potencialmente peligroso, cuyo uso debe ser regulado o prohibido.

Iquitos es la puerta de entrada al ecoturismo y muchos turistas no se quedan mucho tiempo en la ciudad, prefieren visitar la cercana Reserva Nacional Pacaya-Samiria o alguno de los numerosos albergues ecoturísticos localizados en zonas aledañas. Muchos de estos albergues ofrecen ceremonias o retiros, costando estos últimos entre 700 a 1,500 dólares por semana y algunos inclusive se especializan en turismo chamánico. Los albergues tienen páginas web y las estadías pueden reservarse desde internet o localmente, opción más económica. Los turistas que hablan español y tienen un presupuesto limitado buscan participar en ceremonias con chamanes locales independientes que cobran menos de lo que cobraría un albergue.

Este artículo se ha basado en información recogida durante los 18 meses que duró mi estudio de campo para mi tesis doctoral sobre turismo chamánico en Iquitos. Elegí usar el término turismo chamánico en contraposición al de turismo psicoactivo, usado frecuentemente y asociado al consumo recreacional de drogas. Es muy difícil incluir a la ayahuasca dentro de este último grupo ya que esta es buscada por diferentes motivos. La experiencia con la ayahuasca es tan dura, física y psicológicamente, que no deja margen para discutir su uso recreacional. Las personas que he entrevistado fueron de distintos estratos sociales y estilos de vida. Muchos llegaron a Iquitos específicamente a tomar Ayahuasca, mientras otros escucharon hablar de ella mientras viajaban y decidieron probarla. Al contrario de lo que se puede esperar, muchos de los participantes nunca habían probado otros alucinógenos. El uso sagrado de la ayahuasca es llevado a cabo por una pequeña, pero creciente, parte de la sociedad occidental y una fracción del turismo que arriba a Iquitos.

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Los motivos varían pero hay algunos temas en común. Uno de ellos es la necesidad de reconectarse con el pasado arcaico, un deseo de continuidad con la conciencia de tiempos ancestrales. También existe el deseo de estar más conectado con la naturaleza, no ser tan destructivo con el planeta y reintroducir lo sagrado a sus vidas. La mayoría de los participantes busca las ceremonias de ayahuasca porque estas proveen el contexto ideal para la transformación personal. Ya que este tipo de experiencia reta nociones preconcebidas del mundo y de uno mismo, en el contexto adecuado, puede ser una herramienta poderosa para reestablecer el equilibro individual y grupal. Una vasta mayoría de los participantes de ceremonias chamánicas está motivada por un deseo de ser curada y ha reportado exitosas curaciones de padecimientos tanto psicológicos como físicos. La Ayahuasca es especialmente efectiva para sanar dolencias causadas por experiencias traumáticas al igual que depresiones y toxicomanías.

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A pesar de que los motivos anteriores son legítimos y las personas se han beneficiado verdaderamente de las experiencias con la ayahuasca, quiero señalar la falta de contexto o base de los occidentales para dar sentido a la experiencia visionaria. En las culturas indígenas existe una geografía y estructura de los mundos muy específica que el chamán visita durante el trance, una estructura que es aprendida durante su etapa de formación. Desde el otro lado, los occidentales interpretan sus visiones de una forma más personal y psicológica. Algunos las interpretan como una manifestación de su subconsciente. Mientras que para el chamanismo tradicional la Ayahuasca es una fuerza de sanación para la comunidad, para los occidentales se trata de sanar al individuo.

Los efectos del turismo chamánico

El aumento del interés occidental por el chamanismo y el crecimiento del turismo chamánico han generado un incremento en el número de chamanes en la ciudad de Iquitos al igual que en las comunidades de alrededor. El turismo chamánico genera muchos ingresos a la región de Iquitos. Mientras que algunos años atrás, existía poco interés por parte de los jóvenes para aprender y convertirse en chamanes, actualmente la posibilidad de un ingreso constante deriva en un gran incentivo. El problema es que la mayor parte de ellos no aprenden a través de algunos años de formación, como era costumbre, por lo que tienden a ser inexpertos. La abundancia de chamanes también ha creado una competición entre ellos por el limitado número de turistas. Algunos ganan prestigio al trabajar con turistas, viajan a occidente para conducir ceremonias y reciben reconocimientos en círculos occidentales de ayahuasca.

No obstante, el hecho que la mayor parte de estos occidentales buscando experiencias con ayahuasca han leído mucho sobre el tema en la abundante literatura que existe, las ideas equivocadas sobran. Piensan que esta forma de chamanismo ha sido practicada por miles de años sin ser alterada. Pasan por alto el contexto histórico y cultural del chamanismo, como por ejemplo la cosmología amazónica que no tiene cabida en occidente. También ignoran aspectos ambiguos del chamanismo, como la hechicería, tema de creciente interés para los académicos. Adicionalmente, los turistas tienen percepciones irreales acerca de los indígenas y la población local. Los idealizan románticamente solo para desilusionarse días después. Algunos conceptos extranjeros son adoptados por los chamanes para poder ajustarse a las expectativas y necesidades de los turistas. Notablemente, un chamán con el que trabajé se refería constantemente a los chakras del cuerpo, o puntos de energía, un concepto tomado de la espiritualidad oriental.

Un fenómeno creciente es aquel de los Neo Chamanes (o como prefiero llamarlos, los Chamanes Gringos o ‘Gringo Shamans‘ en inglés). Se trata de personas de occidente que han aprendido las prácticas con un chamán local y luego han creado su propio negocio, construyendo albergues y contratando a chamanes locales y personal de apoyo. Estos chamanes tienen una ventaja, ya que se pueden comunicar mejor con los turistas por dos razones: el idioma, y el hecho que pueden introducir a los turistas a algunos conceptos más fácilmente.

Criticas

El turismo de ayahuasca ha sido criticado al comercializar la espiritualidad nativa y degradar las tradiciones amazónicas. Otros piensan que, al contrario, este puede preservar algunas tradiciones culturales indígenas, especialmente en el contexto de ecoturismo manejado por indígenas (e.j. en Ecuador). La verdad depende del contexto y cae en algún lugar entre los dos extremos. Ninguna de las dos críticas es realmente válida en Iquitos porque los chamanes son mestizos que han introducido elementos cristianos y comercializado la Ayahuasca antes de que el turismo estuviera en el área. El chamanismo ha sido más una profesión que una parte integral de la vida de la comunidad que viene de décadas anteriores.

Los occidentales no ven ningún conflicto respecto a la apropiación del conocimiento nativo. Creen que es universal y que todos tienen derecho al mismo. Esta es una tendencia general del movimiento ‘New Age’ (Nueva Era) que ha sido fuertemente criticada. Mientras que el New Age adopta ciertos elementos del conocimiento indígena como el chamanismo, es raro que los occidentales hagan los sacrificios y ajustes necesarios a su estilo de vida para seguir real y completamente ‘el camino’. Por ejemplo, es muy común que los occidentales no sigan las estrictas restricciones de dieta que se requiere antes y después de la ceremonia de Ayahuasca, en muchos casos racionalizan su opción. El chamanismo, en este contexto, no es visto como un modo de vida, sino como un producto de consumo. Esto último no debe causar sorpresa debido a que la cultura global no puede aprehender la naturaleza holística de los saberes tradicionales indígenas porque existe una falta de contexto en teoría y práctica, en creer y hacer.

Los pueblos amazónicos mismos han reaccionado a esto de varias formas. El New Age y la adopción de la espiritualidad indígena son vistas como una forma más de imperialismo cultural poniendo a la espiritualidad indígena en una posición que puede ser consumida como producto siendo esto criticado ampliamente por los pueblos nativos de Norte América. En Ecuador, los rituales de ayahuasca eran ofrecidos como un elemento del ecoturismo pero luego se volvieron controversiales ya que algunos participantes perdieron el control. Se interpretó que lo sagrado ya no era respetado y dejaron de ofrecer estos rituales. Ahora se deja a los turistas observar las ceremonias más no participar.

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No hay una respuesta fácil a los dilemas que el turismo chamánico presenta. Algunos tienen soluciones más fáciles que otros. Por ejemplo, la cuestión de la seguridad ha sido puesta en discusión. En mi experiencia esto puede ser fácilmente solucionado a través de algunas precauciones básicas y el examen previo de los participantes, algunos albergues ya lo hacen. Cuando se trata acerca de la comercialización de la Ayahuasca y la pérdida de la autenticidad, las cosas se ponen complicadas. De acuerdo a los críticos, los occidentales no tienen lugar en las ceremonias de ayahuasca. Esto implica que las culturas son esferas cerradas y que su integridad debe ser protegida por todos los medios posibles. La historia humana muestra que esto nunca ha sido la realidad y las culturas siempre han estado en permanente contacto y negociación. Negar esto significaría poner a los indígenas en un museo preservándolos por el placer de mirarlos. Algunas veces nos olvidamos que ellos también son personas con los mismos deseos, materiales o no, que nosotros. Por otro lado, podríamos ser un poco más considerados cuando participamos de la espiritualidad indígena. Seguir las restricciones de dieta y ser respetuosos durante la ceremonia es lo mínimo que podemos hacer. En otras palabras, si estás interesado en el camino de la ayahuasca, cuida dónde pisas e intenta estar al tanto del impacto. El año pasado, en un bar de Iowa vi una estatua de un nativo norteamericano con un letrero colgado: “No tocar al indio, sumamente frágil”. Tal vez debamos tener presente en nuestra cabeza el sentido metafórico de este mensaje.

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