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Fuente: Revista TAKI WASI

Por Alejandro Camino Diez-Canseco
“El peyote: derecho histórico de los pueblos indios”, en México Indígena, 15, pp. 24-28, 1987

Antropólogo peruano, es el co-fundador y director del Museo de Plantas Sagradas, Mágicas y Medicinales. También es el representante en Perú del Global Heritage Fund, organismo internacional dedicado a la preservación de sitios que son patrimonio de la humanidad.

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Fuente de la Fotografía: Wikipedia

En 1983 tres indígenas norteamericanos, navajos de Arizona, son apresados en el estado de Tamaulipas, cerca de la frontera con Estados Unidos, por la Policía Judicial Federal mexicana, al ser sorprendidos en posesión de 266 kilogramos de peyote dentro de ocho costales de diversos tamaños, los que transportaban a bordo de un vehículo rumbo al vecino país. Acusados de delito contra la salud por “posesión y tráfico de sustancias psicotrópicas”, son prontamente encausados y procesados. Al tomarles la declaración preparatoria fue necesario recurrir a un intérprete de la lengua navajo, porque los acusados desconocían tanto el inglés como el español.

A poco tiempo de transcurrido el incidente se hace presente en la frontera, en busca de una aclaración y de la liberación de los apresados, el sacerdote navajo Emerson Jackson, presidente de la Native Church of North America, iglesia indígena del peyote acreditada en Norteamérica con una numerosa membresía India, extendida por el norte desde Alaska a la Costa Atlántica del Canadá y por el sur, hasta California y Texas. Ignorante de los procedimientos judiciales mexicanos y de la cultura de los “hispanos”, Jackson se ve prontamente asediado por tinterillos y abogados inescrupulosos, que en poco tiempo se encargan de acabar con los limitados recursos del sacerdote indígena. Este, desconociendo el español y frustrado ante sus vanas gestiones, regresa a Arizona para retornar al poco tiempo con el fin de proseguir en su intento de liberar a sus compañeros. Así, en un momento determinado de sus tribulaciones, es aconsejado para ponerse en contacto con el Instituto Nacional Indigenista, instancia administrativa equivalente hasta cierto punto al Bureau of Indian Affairs, oficina de asuntos indígenas de la Secretaria del Interior de los Estados Unidos, y entidad con la que la Iglesia Nativa Americana tuvo que tratar muchas veces acerca del use tradicional religioso del peyote. Tras varias sesiones entre Jackson, autoridades mexicanas de diversas reparticiones repúblicas y funcionarios del Instituto Indigenista Interamericano, quedó claro que el problema suscitado en la frontera era sustantivamente diferente al de un vulgar caso de narcotráfico.

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