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Por Hamilton Morris, ilustraciones por Martha Iserman
Fuente: Vice

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Hay muchas cactáceas que se han convertido en leyendas: desde el polémico peyote blanco del que escribió Bernardino de Sahagún y los míticos pachanoi morados, hasta el sagrado San Pedro de Huancabamba, Perú, que ataca con una infección parecida al sarampión que produce pequeñas ampollas en todo el cuerpo a quien se atreva a cosecharlo. Algunas de estas cactáceas se pueden encontrar fácilmente, como la Ariocarpus retusus, una especie que según los tarahumaras enloquece y provoca la muerte de aquellos con un “corazón impuro”. Otras han eludido el ojo entrenado de los taxónomos y han permanecido escondidas durante años, a veces siglos. Son las criptocactáceas, confinadas a los márgenes de la literatura etnobotánica, donde se discuten y se debaten, pero jamás se observan. Entre ellas, hay una que sobresale entre las demás por elusiva y poderosa: es el Cactus de los Cuatro Vientos, un antiguo cactus columnar caracterizado por sus cuatro costillas longitudinales, y del cual se rumora que posee poderes curativos sobrenaturales. Durante un viaje reciente a Lima, Perú, mientras escribía una historia completamente ajena a esto, utilicé mi tiempo libre para buscar especímenes silvestres de estas criptocactáceas, con la esperanza de toparme con un Cactus de los Cuatro Vientos.

Para poder cazar Trichocereus (el género del Cactus de los Cuatro Vientos), uno debe dominar las técnicas utilizadas para detectar las diferencias taxonómicas entre las especies. Las cactáceas columnares se distinguen entre sí por su altura máxima, grosor, número de costillas, perímetro, longitud, número y ángulo de las espinas, tono exacto entre la amplia gama de verdes, presencia de cera epicuticular (y si ésta se puede remover fácilmente), el brillo de la cutícula, la presencia de pequeñas hendiduras en forma de V sobre las areolas y la flexibilidad de la columna cuando ésta se agita. Por supuesto, sin mencionar la obsesiva atención en los detalles para poder diferenciar el fruto, las semillas y las flores. Sin embargo, nadie podría confundir al Cactus de los Cuatro Vientos.

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