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PEREGRINACIONES EN EL PERU – Antiguas rutas devocionales

Por Marcela Olivas Weston

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El Centro Ceremonial de Chavín de Huántar fue (y sigue siendo para muchos) uno de los destinos de peregrinaje más antiguos de la humanidad.

Introducción

Ñanmi Kani, cheqapmi

kani, kawsaytaqmi kani

Guíame Señor de Muruhuay, Auxíliame Virgen de la Puerta o Virgen de Chapi, Señor de Cachuy, Señor de Huanca, etc., etc., son frases que con frecuencia leemos en la parte delantera o posterior de los medios de transporte público de la gran Lima: camiones, buses o “combis” lucen estos llamativos letreros. Seguramente, alguna vez nos hemos preguntado ¿por qué esas advocaciones?, ¿de dónde vienen?, ¿cómo serán esos lugares donde se encuentran esas vírgenes y Cristos que tanto se imploran?, ¿qué hay detrás de estos llamados tan sugestivos?

De lo que estamos seguros, después de dos años de investigación, es que tras de aquellos carteles hay cientos de devotos, migrantes muchos de ellos, instalados en la capital que cada año van a cumplir con la “promesa” de hacer la peregrinación donde está la imagen de su devoción. Lo mismo sucede en las distintas provincias del país, donde se hallan situados los santuarios regionales, miles de fieles cruzan desiertos, trepan montañas, ascienden a nevados, en señal de cruenta penitencia, algunos mortificándose, caminan descalzos, otros cargan cruces o avanzan penosamente arrodillados, lastimándose los pies y rodillas, llorando y gimiendo, implorando o agradeciendo algún milagro o favor. (1)

Y lo mismo ocurre en cada región de Latinoamérica donde hay un santuario, el cual es reflejo de centenares de rituales que representan a los peregrinos haciendo sus votos, juramentos, promesas, fiestas, celebrando y venerando a sus imágenes preferidas.

La mayor parte de estas peregrinaciones son católicas, pero en realidad, las raíces de esta práctica contemporánea es múltiple: indígena precolombina, cristiana europea, de esclavos africanos y de otras tradiciones religiosas que han contribuido al peregrinaje latinoamericano tal y como se da hoy día. (2)

En el Perú, la institución del peregrinaje es única, porque combina en sus raíces una diversidad de tradiciones: la indígena precolombina regional, la inca y el catolicismo europeo del siglo XVI. Vestigios muy tempranos de la existencia de centros de peregrinación precolombinos han sido investigados por arqueólogos en Chavín de Huántar (Ancash), en las pirámides del Sol y de la Luna (La Libertad), en Cahuachi (Nazca), en Tiahuanaco (Bolivia), en el Coricancha (Cusco), etc. Además de muchos otros documentados por los cronistas de la conquista. Montañas y nevados como Pariacaca (Huarochirí), Catequil (Huamachuco), Coropuna (Arequipa), Ausangate (Cusco), eran venerados ofreciéndoles sacrificios y diversos rituales, en la creencia que allí habitaban los dioses tutelares de cada pueblo.(3) Además la Tierra ( Pachamama), el trueno, lagunas o cochas, piedras, etc. eran considerados Wakas o lugares sagrados que solicitaban devociones, dentro de un complejo Panteón Andino (4)

Con la conquista hispana estas tradiciones y su geografía sagrada fueron transformadas, principalmente por la labor y estrategia evangelizadora de cada una de las órdenes que llegaron a tierras americanas: dominicos, mercedarios, franciscanos, agustinos y jesuitas trataban de salvar a los indígenas de sus prácticas idólatras o “cosas del diablo”.(5) Empeñados en difundir la doctrina cristiana de acuerdo a las características espirituales del clero de cada parroquia o de la historia de estas órdenes surgieron una diversidad de advocaciones traídas de España, en los lugares más alejados de la capital del Virreinato, hubieron milagrosas apariciones de vírgenes y Cristos, siempre cerca de antiguos sitios prehispánicos y que con el tiempo lograron concentrar la devoción de sus habitantes, como explica E. Morote Best : ”Muchas veces fueron halladas entre peñascos y montes, otras surgieron atrapadas por la reja de los arados que empuñaban los labriegos: no pocas fueron obras de misteriosos escultores o hechura de rústicos artesanos que a fuerza de fe y azuela fabricaron obras de arte u objetos de devoción, valiéndose de maderos que sangraban como hombres… otra variedad constituyen los numerosos y casi interminables relatos que ubican imágenes en rocas o montes donde se les halla por casualidad”. (6) Por ello la peregrinación cristiana en esta parte del continente sudamericano es la continuidad de la evolución del Peregrinaje Europeo.

Sin embargo, este enfrentamiento de creencias religiosas tan distintas, con raíces opuestas, trajo como consecuencia el exterminio en algunos casos o el repliegue y la clandestinidad en otros de los cultos ancestrales, por temor a las represalias de las campañas de los “extirpadores de idolatrías (7).Violenta y desgarradora, esta confrontación originó un proceso profundo de transformación de la sociedad de entonces y, siguiendo estas huellas, es que hoy encontramos el origen de estas devociones y de la forma en que se manifiesta la actual religiosidad popular en el Perú.

El fenómeno de la peregrinación constituye un aspecto fundamental de todas las religiones, representa una experiencia universal que ha sido enriquecida por la historia y la cultura de los devotos y fieles que la realizan. En todos los rincones del planeta se vive o se ha vivido la necesidad de peregrinar: en Benarés (India), la montaña de T’ai’-shan (China), Lhasa (Tíbet), Shikoka (Japón), Karnak (Egipto), Jerusalén (Israel), La Meca (Arabia Saudita), Delfos (Grecia), Roma (Italia), Santiago de Compostela (España), Yasna-Gora (Polonia), Fátima (Portugal), Lourdes y Chartres (Francia), Guadalupe (México), etc., son lugares sagrados que han sido o son grandes centros de peregrinación y dan testimonio de una necesidad existencial de la condición humana en el aspecto religioso. (8)

La peregrinación en el Perú es un ejercicio o práctica que incluye súplica, arrepentimiento y oración, cualidades propias del sentir cristiano, el comportamiento de las personas que acuden a las peregrinaciones por lo general implica un extraordinario desplazamiento de estas actitudes y sentimientos. Además de ser un instrumento práctico, porque al acudir anualmente a la peregrinación durante varios años, hacer una donación importante a la iglesia o a la Hermandad, se espera obtener una gracia, un milagro, una recompensa por el esfuerzo desplegado. El objetivo sagrado es un rasgo característico de la peregrinación, el santuario es el mediador entre el cielo y la tierra y las figuras centrales de veneración son Cristos y vírgenes. Estas imágenes son algunas, verdaderas obras del arte colonial y permanecen allí durante todo el año, en el silencio de sus altares, esperando a sus devotos para otorgarles su gracia y bendición..

El santuario, por lo general, está lejos de las casas de los peregrinos, la ruta es difícil y tiene un camino o “vía sacra”; el devoto sale de la casa, del espacio profano y por la vía de la peregrinación llega al espacio sagrado (el santuario), donde el poder y la presencia de Dios están definidos, produciéndose la regeneración espiritual. Es el “Centro del Mundo”. (9).

Cada peregrinación es un claro reflejo de los participantes de una población o región específica, que conforman un campo social característico con su propia historia y tradición, aunque algunos elementos de sus mitos de origen “coincidan”; por ejemplo, el de la aparición del Señor de Huamantanga en Canta (Lima) y el del Cristo Cautivo de Ayabaca (Piura) poseen rasgos similares, pero cada uno tiene su propio proceso histórico-cultural íntimamente relacionado con las tradiciones de estos pueblos y con el grado de influencia de la Iglesia oficial en el lugar. Además ocupa un lugar importante en la conciencia del grupo, le da cohesión y constituye una fuerza para su integración. Asimismo, la corriente de tráfico humano que se desarrolla a lo largo del itinerario del peregrinaje, vitaliza la sociedad, la economía y la cultura del área atravesada, justificándose plenamente aquellos versos del poeta español Antonio Machado: ”caminante no hay camino, se hace camino al andar “.

En todos los casos, las corrientes devocionales que han generado los doce santuarios estudiados, han desbordado su hábitat original, convirtiéndose a través de los años en centros religiosos regionales con ramificaciones en distintos puntos del país, con importantes sedes en la capital, organizadas en cofradías, hermandades o congregaciones que se encargan de mantener vivo el culto y difundirlo, lo que asegura su supervivencia, influyendo también el carisma y capacidad de liderazgo de sus dirigentes. Ya desde sus inicios en la colonia estas instituciones participaron activamente en vertebrar a los pueblos indígenas social y económicamente, reorganizar sus actividades religiosas y enriquecer el tejido de solidaridades; hasta hoy en día, participar en una cofradía o hermandad es un rito especial, es realizar una tarea sagrada paralela a la de la liturgia oficial, además de adquirir estatus y prestigio dentro de la comunidad.

La fiesta y la celebración también son parte importante de la peregrinación en el Perú. Llegar al santuario, después de sufrimientos y mortificación, participar en la liturgia, acercarse y tocar la efigie, prenderle velas, cirios, ofrendarle mantos, estolas, joyas, un óbolo, un regalo, velar la imagen, cargar el anda, son parte del ritual del peregrino, pero también está incluida la fiesta, la celebración sobre todo en los pueblos serranos donde conjuntos de danzantes y músicos intervienen desplegando lo mejor de sí mismos con extraordinaria fuerza ante la imagen venerada. Este otro aspecto, complementado con las comidas y bebidas tradicionales, es parte del programa de la mayoría de las peregrinaciones peruanas. Formas, texturas, olores, colores, sonidos, sabores y gusto invaden el espacio sagrado del santuario, con los que cada pueblo aporta sus propias tradiciones, enriqueciendo la brevedad de la fiesta, como un espacio temporal extraordinario que trasciende lo cotidiano y permite la elevación espiritual de cada uno de los peregrinos. El esfuerzo de la iglesia en adaptarse a estas formas de expresión de la religiosidad popular, distintas a las de la liturgia oficial, es notable y lo pudimos comprobar, por ejemplo cuando el domingo 15 de junio de 1997 grupos de danzantes bailaban dentro de la Catedral de Lima, en homenaje al Señor de Q’ollur R’iti, el Cristo Campesino del Cusco, mientras el Padre Juan Serpa Meneses, Vicario de los quechua hablantes de Lima oficiaba una misa en esa lengua y nos daba su bendición: “Kausachun Taytacha Q’ollur R’iti”

Esta investigación no ha agotado todas las peregrinaciones que anualmente se realizan en el Perú, sin embargo, las que hemos escogido son representativas de cada región y reflejan características originales en su desarrollo y expansión; tampoco se han agotado los aspectos geográficos, arqueológicos, históricos, antropológicos, artísticos, arquitectónicos, sociológicos, económicos, etc. como herramientas para el análisis multidisciplinario de mayor riqueza, que el tema por sí lo merece. Esta tarea debe continuar.

El acudir a estas peregrinaciones sin lugar a duda, nos acerca a nuestro pueblo y a su forma de “hacer” y “sentir” su devoción a la Virgen María y a Cristo, su Hijo, Nuestro Señor. Peregrinar es también relacionarse en el trayecto con muchas personas desconocidas, que nos contarán sobre su devoción, los milagros recibidos, la promesas ofrecidas, sus sufrimientos y también alegrías, es comunicarnos profundamente con el pueblo, con su fibra más íntima que sufre, llora, pide y se regocija, que tiene la esperanza de que lo divino se cristalice en sus corazones, dándoles salud, trabajo, felicidad.

Deseamos que ustedes, amables lectores, despejen su curiosidad y se acerquen al tema, participando de algunas de estas peregrinaciones, conociendo de esta manera el sentir de una mayoría de peruanos que se resisten a los cambios impuestos por la modernidad, pragmática y tecnológica, conservando tercamente sus tradiciones religiosas. No sabemos qué pasará en los próximos años con estas manifestaciones de devoción popular, que como todo lo humano, es impredecible, lo que sí sabemos es que en muchos distritos de la capital y asentamientos humanos de la gran Lima, se recrea, pero “limeñizado”, al pulso de la capital, el ritual que se hace en el Santuario original en los días de la festividad, así, lo que allá suele extenderse siete u ocho días, en Lima dura un fin de semana (Víspera y Día Central). No obstante, se realiza como para nunca olvidarlo y perpetuarlo como se ha hecho de padres a hijos (10). Inclusive, como una demostración contundente de su influencia, quince nuevos cuarteles del Cementerio El Ángel de Lima, construidos desde 1993, llevan los nombres de algunas peregrinaciones provincianas como la del Señor de Cachuy, del Cristo Cautivo de Ayabaca, del Señor de Muruhuay y otras devociones populares, reemplazando el habitual santoral europeo.

Las nuevas generaciones que se dediquen al turismo tendrán también que aportar y enriquecer estas viejas rutas devocionales promoviéndolas con todo el respeto que se merecen. Estos caminos son todavía incipientes en un país con un largo e importante proceso cultural y que, como advierte Octavio Paz, “La tradición es una realidad viva en el tiempo”.

Marcela Olivas Weston

(actualmente Directora del Museo Nacional Chavín)

Lima, marzo 1998

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INTRODUCCIÓN DEL LIBRO

Peregrinaciones en el Perú. Antiguas rutas devocionales

Autor: Marcela Olivas Weston .

Editorial: Universidad de San Martín de Porres.

Lugar de publicación: Lima

Año de edición: 1999

Número de páginas: 388

ISBN: 0

SUMILLA: En el Perú, la institución del peregrinaje es única porque combina en sus raíces una diversidad de tradiciones: la indígena precolombina regional, la inca y la del catolicismo. Marcela Olivas Weston, arqueóloga, ha recorrido e investigado de 1996 a 1998 doce importantes centros devocionales, realizando un exhaustivo estudio que constituye un aporte al conocimiento de la religiosidad popular. Esta investigación constituye un singular aporte, ya que por primera vez se compilan las más importantes peregrinaciones religiosas que cada año se realizan en el Perú. Agotado.

Notas

(1) Para ampliar el tema recomendamos “El pensamiento mágico-religioso en el Perú contemporáneo” de Fernando Silva Santisteban en Historia del Perú, Tomo XII, Ed. Juan Mejia Baca, Lima, 1980.

(2) Pilgrimage in Latin American, N. Ross Crenrine y Alan Moriner, Edit. Grenwood Publishing Group, Inc. EE.UU, 1991.

(3) Chavín y Tiahuanaco. Una nueva perspectiva de dos centros ceremoniales andinos. Johan Reihard, Boletín de Lima, Número 50, año 9, Marzo 1987, pág. 29-49.,

(4) Se puede leer Historia del Nuevo Mundo de Bernabé Cobo, Biblioteca de Autores Españoles, Ediciones Atlas.Madrid.Tomo II, 1956 y Religión, Magia, Mito, Juego en Historia del Perú Antiguo, Vol 3, Luis. E. Valcárcel, Edit. Juan Mejía Baca, Lima, 1985.

(5) Sobre este punto recomendamos la lectura de Historia del Culto de María y de sus Santuarios en Hispanoamérica, Rubén Vargas Ugarte, Edit. La Providencia, Lima 1931, y La Venida del Reino, Religión, Evangelización y Cultura en América, siglos XVI-XX” Gabriela Ramos, (Compiladora), C.E.R.A. Bartolomé de Las Casas, 1986, Cusco.

(6) Aldeas Sumergidas, Efraín Morote Best, C.E.R.A. Bartolomé de Las Casas, 1988, Cuzco, pág.2-3.

(7)”La Extirpación de la Idolatría en el Perú”, Pablo José de Arriaga, en Crónicas Peruanas de interés indígena Biblioteca de Autores Españoles. Edit. Francisco Esteve Barba. Madrid, 1968.

(8) The Atlas of Mysterious Places, Marshall Edition Limitad, 1987 y Diccionario de las Religiones, Cardenal Paul Popupard, Ed. Herder, 1987, Barcelona.

(9) Lo Sagrado y lo Profano, Mircea Eliade, Edit. Guadarrama, colec. Punto Omega, Nº 2, Madrid, 1967. A propósito de este tema Dante Alighieri, en su Divina Comedia (canto Nº1) escribe esta extraordinaria alegoría: “A mitad del camino de la vida yo me encontraba en una selva oscura, con la senda derecha ya perdida… Mas tras llegar al cerro que subía allí donde aquel valle terminaba que con pavor a mi alma confundía, al mirar a la cumbre, vi que estaba vestida de los rayos del planeta que el buen camino a todos señalaba “Edit. La Oveja Negra y RBA Proyectos Editoriales, S.A., 1983.